CORNADA DE LOBO
Con catalejo
No te importe que te vean como extravagante si entras con prismáticos a esta catedral leonina y de pulcritud frágil, porque es la forma más práctica de escudriñar detalles que te pasarían desapercibidos y disfrutar así de todo lo que queda escondido al ojo por pequeñez o lejanía en su monumentalidad, detalles tantas veces sorprendentes por su primor y por la licencia y malicia que a menudo colaba el artista medieval en su ornamentación confiado en que no los percibiría el que pagaba la obra, siendo además una forma de vengarse de sus apremios, censuras o tiquismiquis. Hasta insólitas obscenidades tienen cabida ahí, incluso bajo el culo de los canónigos en la sillería del coro. Pasa, siéntate, alcanza y goza. Mis prismáticos, además, me lo pagan con creces; son algo grandes y luminosos, quizá porque eran los oficiales de la Marina soviética cuando los adquirí en 1978 en el Mercado de la Piedra de Vigo donde sin duda los vendió algún marinero urgido o guindón. Nuevísimos estaban; magnifica óptica rusa; sus prismas siguen impecablemente ajustados pese a los años y traquetreos del coche donde siempre los llevo como brigada de campaña, igual que me asisto también de una lupa cuentahilos de imprenteros y joyeros, porque lo mismo que nos huyen los detalles de lo lejano, tampoco reparamos en los prodigios minúsculos que encierrra una florecilla chica, una cuarcita, un fósil, la urdimbre de un paño... Causa tambien extrañeza —y aquí lo entendería mejor— cuando me ven con esos prismáticos robustos escudriñando palmo a palmo los grandes lienzos de un museo, como en El Prado, pudiendo apreciar así hasta los surcos de una pincelada, texturas, colores o detalles nimios... Visto así el tríptico del Jardín de las Delicias de El Bosco, adquiere dimensiones de cinemascope su enorme teatralidad, siempre que no haya cabezón de turista en pelotón delante, pues para verlo bien hay que distanciarse tres o cuatro metros. En fin, con catalejo triplicarás todo paisaje, monumento o barullo humano. Eso sí, fisgar con él en una playa sólo te hará tipo baboso con ojos sobones de voyeur indecente.