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Sigo preparando, y contándosela a usted, mi lista de lecturas o de relecturas para el verano. Me gusta centrarme en libros extensos o que exijan más concentración; y en los publicados por mis amigos. Empezaré con Los papeles de Walter Benjamin (Sial), del leonés Demetrio Fernández-González, quien acaba de presentarlo en el Colegio de España en París; la suya no es literatura de tumbona, me interesan mucho sus novelas ensayísticas, así las llama; sin duda, un día serán incorporadas a la historia de las vanguardias literarias siglo XXI. Asimismo, leeré Vermeil (Eolas), del también paisano nuestro Carlos Suárez; su última obra, La suicida nueve veces apuñalada (Los reyes del mambo), me pareció genial y tronchante; esta otra la escribió antes y en un registro «serio», aunque nada es tan sencillo en un excelente escritor y él lo es. Y volveré a navegar feliz por las aguas cristalinas de Literatura griega contemporánea, 1821-2001 (Sial), de Alicia Villar Lecumberi, quien con sabiduría filológica y amenidad nos descubre tesoros de una rica cultura que ella ama y que no debemos reducir a la antigüedad; sus páginas son contagiosas, están recorridas por una erudición viva. Leeré el poemario El hombre que yo amo (Huerga y Fierro), de José Manuel Lucía, de precioso y preciso título; en julio, le tendremos en La Bañeza, en el curso de verano que organiza la Universidad con la Casa de la Poesía; ha sido uno de los asesores de El cautivo, la película de Amenábar sobre Cervantes en Argel, que veremos pronto. Mente académica, pero con el corazón en la calle.

La estación se presta a la columna refrescante; no todas podrán serlo este verano, pues la actualidad sigue en llamas; si ese día necesita usted evadirse, fúguese con su profesora/ profesor de danza del vientre. En serio o en broma, has de escribir en auténtico.

Hincaré el diente a clásicos, entre ellos a Antonio de Guevara y a Juan de Zabaleta, ambos eruditos sui generis; y a F. Scott Fitzgerald y su El gran Gatsby, tragedia de un mentiroso épico; y Muerte en Venecia, de Mann, sobre un autoengaño. En cambio, no tengo intención de leer las memorias de Barbara Rey, ni regaladas. A mi edad, si quiero perder el tiempo me lo dejo olvidado en un parque.