LEÓN EN VERSO
El gerundio suelto del PSOE
Si no fuera por ese gerundio que se le escapó a los socialistas por la gatera de la propaganda, no habría otra cosa en puertas de agosto que el repaso biográfico a Silvia Clemente, natural de Segovia y clave en León por obra y gracia del espíritu de las autonomías. Ay, el gerundio que trepana el tímpano, y terminó por borrar cuatro días de cuita sobre el regreso de Clemente, que pinó a los Quijano (los Quijanos, los tres, diría un leonés de toda la vida) patentó la tierra de pavor, combatió con ardor la plaga bíblica del topillo y fue capaz de hacer sombra al mismísimo Valín (pantanero de Villalón con agua de Riaño, después de tanto predicar en secano) como verdugo de rebaños rebanados en la provincia leonesa, ejecutora de la orden de saqueo de Europa, mientras los palmeros le reían las gracias y la guillotina porque iban y van a gusto en la burra de la PAC. Cierra, que se escapa el gato del voto a Vox. No hubo verano que no empezara con Clemente en la cosechadora, en un paralelismo que el hetero patriarcado explotó como fuente de inspiración del baño de Ana Obregón en Mallorca; una vuelta en la New Holland le da a los panes una visión de conquista tan amplia como Nueve Castilla y León suena a sintonía de cabecera de informativo y a emporio de televisión. Ya entraba el serial por capítulos en el episodio del salto a Ciudadanos y la revuelta de Igea que casi acaba en moción contra Mañueco, cuando chas, el gerundio a tu lado. Mil y pico asesores del Gobierno a sueldo del cepillo de tributos a sanidad, educación y lupanares, y resulta que la llamada de atención a los votantes florece en un gerundio; a ver si hay que pagarle royalties a Enrique Iglesias. Estaba libre el participio, pero se enrocan con los padres del ripio y asesinos de la aliteración de las palabras que ya nacen muertas; en dar sentido a lo irreal. No queda una gota de esperanza; el gobierno ha comenzado a comunicarse en plan escuela veraniega de escritores. ¿Qué será lo próximo?, se pregunta aterido el contribuyente. Cualquier día le ponen un 21% de IVA a la coma que limita las ínfulas expansionistas del vocativo y ordena la comunicación desde el regazo de mamá.