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De la montaña leonesa te echan siempre las hierbas contadas, un futuro tuerto o, si hay suerte, un pantano que al menos te paga el billete o casa de colonización en otra tierra. En la montaña mandó siempre lo ruin o la justeza y a sus gentes las parieron siempre con una maleta bajo el brazo. Emigrar fue su destino, aunque sólo unos pocos hallaron la fortuna lejos. Los indianos leoneses que prosperaron salían de la montaña (Pablo Díez, el más nombrado, con Corona se coronó). Y es que los pueblos montañeses y su vida en pura cuesta hacen ballesta las pantorrillas de la gente y convierten las madreñas en botas de siete leguas con tal de escapar de la inclemente peña justiciera.

¿Y la razón de su triunfar en su vida migrante?... Me la dio José Álvarez Pozal, mayoral que fue del conde la Oliva en Trujillo donde preferían elegir a «serranos» leoneses y no extremeños para este alto cargo: «porque somos muy buenos perros»... mordiendo al que asalta o ladrando alarmas en su hacienda. Y algo más que perros acabaron siendo algunos rebelándose contra el horizonte que ciega la montaña. Crémenes, puerta de lo riañés, es buen ejemplo y tres nombres señeros lo significan. Por cercanía en el tiempo, David Álvarez y su emporio de eulens, vegasicilias o tokays, que hasta se compró el título de Marqués de Crémenes, aunque con la paradójica condición de extinguirse a su muerte para que no lo heredaran sus hijos perreados... o Víctor de Felipe que, aun nacido en Sahagún, se hizo hijo del lugar, destino de su padre guardia civil; como capitán de la Legión mandando una bandera de carros de combate con marroquíes, fue el primero en entrar en Barcelona en la Guerra Civil, tomó el ayuntamiento y fue alcalde unas horas; tras la contienda montó, ya civil, una compañía aérea, hizo fortuna y fue dadivoso son su pueblo... o Juan Guereño, emigrante en Argentina, se enriqueció fabricando jabones de larga fama allí, amparó y creó el mito de Eva Duarte -la voz de su publicidad- hasta ser Evita de Perón; pagó la nueva iglesia de Crémenes y tiene novela su vida. Y en la estela de estos tres quedó el haber sido más que perros.