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Siempre me han gustado los libros de segunda mano, incluso antes de que me haya convertido en uno. Ayer, una caseta de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión vi el primero de los que he publicado. «¡Caramba, si parece que fue ayer!», me dije. Pero fue anteayer; o sea, hace ya mucho. No lo compré, ya lo tengo; guardo varios de ellos por si un día he de emplearlos como arma arrojadiza en un ataque zombi. En cambio, en la Feria ya he adquirido algunas «ocasiones», mientras Marta no miraba; es broma, simplemente, con los libros hemos puesto la norma doméstica de «si entra uno, salen dos». Ya no nos caben. No importa, me encanta regalar los que me encantaron. He comprado Cervantes (1985), de Rosa Rossi, por 4 euros; es el ensayo que «actualizó» la rumorología de la homosexualidad del escritor. Lo había leído hace años, en la Biblioteca Pública. No soy de vicios caros, pero he caído muy a menudo en ellos. Ya solo compro lo que tendré tiempo para leer, pero ¿quién salvo Él sabe nuestra última fecha? Aprovechemos las ocasiones.

Contemplaba el escaparate de una de esas tiendas que venden objetos de segunda mano …y vi la Historia de Cristo, de Papini, un libro que tengo en otra edición, pero cuya letra me resulta ya demasiado minúscula. Entré a comprarlo: 7 euros. Una vez dentro, tenían el tomo I y 2 de las obras completas de Chesterton… Más de mil páginas cada volumen, a 5 euros cada uno. Es un autor a quien llevo en mi corazón, y desde este escuché al escritor bromearme: «Menudo chollo… así me compro yo la Biblioteca de Alejandría». Pero callé y pagué. Para aliviar la conciencia compré además: El romancero. Tradicionalidad y pervivencia (1970), de Manuel Alvar, por 11 euros. Y Leo, luego existo, de Guillermo Díaz-Plaja, por otros 8. También en mis adentros estos dos maestros se guasearon con un no somos nadie. Pero ambos fueron y son mucho, pero ya más baratos.

Algún día venderé ambos tomos de Chesterton, y a dos euros cada uno. Mejor, los regalaré. Los libros han de cambiar de manos, para que la rueda siga girando y girando. Vivir es oportunidad para amar… leer… escribir. ¿Hay algo más gratificante que terminar de libro viejo y de ocasión? Y en una caseta que acepte el regateo.