La Revuelta
El riesgo de encomendar la política a los humoristas deriva en que los políticos, hurtado su espacio en el escenario, se lanzan a probar con el humor. Ja. El último de los quemados por el intrusismo, al que arroja una mala digestión de los chistes de Broncano igual que una tertulia desenfada de Pablo Motos, ha sido Carlos Martínez. Qué daño hace la tele. El candidato del PSOE se subió el domingo pasado al estrado del Palacio de Exposiciones y, animado por ese lema de precampaña que parodia a Rajoy, en el que da a entender que son los vecinos los que eligen al alcalde y es el alcalde de Soria el que elige al presidente de la Junta, se lanzó a disertar sobre su visión de esta tierra. «Me critican por decir castillaleón seguido. Me dio un truco Rebeca. Habrá que decir Castilla y León, y Soria, y Burgos, y Valladolid, y Segovia», se pitorreó el aspirante socialista para desvelar, en medio del chiste, su menosprecio hacia la identidad leonesa, el bloqueo de su partido hacia cualquier reclamación legítima de Autonomía y, como bisbiseaban todos sus predecesores en privado, el hartazgo ante las reivindicaciones que tras 42 años del engendro autonómico no menguan, crecen. Un descojono.
La ocurrencia aclara el programa autonómico del PSOE para León en los comicios marzo. Los socialistas insisten en que no se necesita una autonomía sin Castilla, sino la misma pero con ellos al frente, que ya gobernaron e, incluso, la impusieron por encima del criterio de los ayuntamientos y la Diputación, como ha vuelto a evidenciarse ahora. Más de cuatro décadas después, con todos los augurios pesimistas superados por las cifras económicas y demográficas, el plan insiste en perseverar en el error, como secundan el PP y Vox, aunque en sus casos las risas van por dentro. A Carlos Martínez se le escaparon para vergüenza del aparato de su partido en la provincia, que se ríe por lo bajo y juega a hacer creer en su leonesismo para confundir al votante y camuflarse detrás del alcalde, José Antonio Diez, leonesista de anteayer. El problema no está en comerse la Y, sino en que al omitirla se avanza en la estrategia para fagocitar a León y convertirla en una más. Se puso para separar, no para unir. Aunque, como se trata de una conjunción copulativa, piensan que sólo es para joder.