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Esta fue una de las historias más emocionantes a la que puede aspirar una tierra plagada de pobres; pobres como ratas, pobres de solemnidad, pobres currantes, pobres pecadores, pobres irredentos. La pobreza que heredamos de nuestros padres, que a su vez la recibieron de los suyos, porque la pobreza es algo que se transmite de generación en generación y la tomas o te aniquila; que no hay otra forma de relación. Pobres nacimos, pobres morimos. Pobres leoneses, que empaquetamos pertenencias en maletas de cartón y en bolsas talegueras y montamos en trenes de ganado como que por huir pudiéramos dejar atrás la maldición que nos persigue en la condena de ser pobres en tierra rica. Esta fue una historia colectiva; gentileza del Dios que aprieta pero no ahoga, y en un momento, redime a su pueblo en forma de préstamo o limosna, en forma de transferencia de esperanza, mientras los niños de San Ildefonso llevaban la buena nueva como cuando los pastores se dieron por enterados de que les había nacido un Salvador. Esta fue una gran noticia, good news que sí fue news, a fuerza de reventar emociones entre la gente que no ha conocido en su vida otra cosa que doblar el lomo y contar las monedas que quedan para alcanzar el final de la hoja del calendario, el cargo del chico en la universidad, el sacrificio, que sea un hombre de provecho, pobre y de provecho, no como su padre con las manos abiertas en canal de tanto agarrarse el tajo por la cuerda. Lotería, como su nombre indica, es porque o te hunde las expectativas o porque te saca a voleo de los sueños. A ver quien no pinga el moco cuando la combinación de cinco números y 20 euros ponen en línea todos los chacras; el dinero no es importante, mucho dinero es importante. Entre la ensalada de hostias que recibe esta tierra, bien merece una de las historias más emocionantes que podían sucederle a esa recua que decidió aguantar. Entre las urgencias mundanas que arregló el bombo, fluye entusiasmo. Lotería es una historia sobre unos padres que no saben que sus hijos han encontrado dinero para prestarles la atención que merecen en el lugar al que fueron leales.