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A risa o pena mueve ver aquí el paleto empeño patriotero de tener mito navideño propio como tiene el vasco el Olentzero, el catalán el Tió de Nadal o el gallego el Apalpador, Apalpabarrigas o Pandigueiro. Y nos sustituyen a los Reyes Magos por una Vieja del Monte reinventada como seña autóctona de la Navidad y aupada al orgullito bobín bordado en lo fantástico, ridículo o chiripitifláutico. El listo atropador de turno pilló por el rabo esa figura que nada tenía que ver con estas fiestas ni con la inmensa realidad de esta tierra y sus costumbres, ¡pero ya tiene León su Mamá Noela!: La Vieya»l munti, como quien dice la Mari Domingi que los vascos se inventaron en 1994 para ser pareja o compañía del Olentzero porque había que colocar paisana en los equilibrios de género, ¡manda bragas!... La figura de esta «Vieja»l monte» era un guapo mito para embobar a los críos dándoles los padres o mayores que volvían de su jornada de ganaos o campos lo sobrante en el zurrón, un cacho pan, quizá queso o chorizo, avellanas... diciéndoles que era regalo de la Vieja del Monte, amable anciana que vivía en una cueva y amasaba pan. Y hasta ahí no más viejas... ni exclusivas de León... el mito es antiguo y reinó en pueblos de Asturias, Galicia, Cantabria, Palencia, Navarra, Francia, Alemania... Que de un tiempo acá quiera hacerla oficial y Reina Maga navideña el bobín leonesista crocante y empalmao sólo habla de su orfandad cierta de mitos (que no de pitos) y de plagio muy idiota. Que se imponga además en lugares donde jamás pudo oírse o hablarse de ella evidencia una vez más la etnodictadura en la que se columpia el tonto patriotil si le dejan o le dan carguete. ¡Que vengan la Razón y la Historia y le fuñiguen un rato!, favor pedimos; y de paso, al Instituto Leonés de Cultura que instala en su hall por Navidad el monigote y mentira de esa Vieja (item más, si su magia era que nunca se la veía, ¿a qué profanar el mito poniéndole cara de cartón y ropas?), igual que avala los cortines o colmeneiros de Ancares como «chorcos» de lobos (!?!)... en fin, todo eso que hasta hace serio y añorable el ñoño folklorismo de la Sección Femenina.