EL MIRADOR
Música partidista
Los partidos políticos tienen serios problemas con la banda sonora de sus mítines. Es este un asunto poco tratado por los analistas y que debemos abordar con la mayor urgencia. A Santiago Abascal se le ocurrió utilizar un éxito mundial de Chumbawamba y la banda británica, de conocida filiación anarquista, ha exigido su retirada. Es esa canción, quizá la conozcan, que dice muchas veces ‘Oh Danny Boy’ y luego habla de alguien que bebe whisky, vodka, cerveza y sidra, por ese orden. Debemos ser comprensivos con el error. Puede que con la expulsión de Ortega Smith y la previa depuración de Espinosa de los Monteros, en Vox no haya quedado nadie con un B2 de inglés y eso esté complicando la selección musical. A Santi lo sacas de Los Meconios y se hace un lío. Ahora que por fin van a firmar las capitulaciones matrimoniales con el PP, tal vez acaben uniéndose todas las derechas en torno a Julio Iglesias y Juan Pardo y de esta manera vuelvan a pisar tierra firme.
Tampoco en el lado izquierdo del tablero el hilo musical está funcionando mucho mejor. Uno comprende que la refundación de las izquierdas no puede hacerse con Ismael Serrano sonando a todo trapo porque ese bajonazo no te lo levanta ni Rufián con tres gintonics, pero la decisión de Rita Maestre de subir al escenario al ritmo de Bud Bunny entraña mucho peligro. Al reguetonero puertorriqueño le hemos cogido simpatía porque le planta cara a Trump, aunque hay que escoger sus canciones con cuidado. Lo de Nueva Yol puede pasar, pero imagínate que suena por los altavoces «te escupo la boca, te jalo el pelo, hoy quiero una puta, una modelo» mientras Rita enardece a las masas exigiendo más feminismo.