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A estas alturas, cualquiera se atreve a pronosticar qué proporciones tendrá la remodelación del Gobierno que deberá hacer Sánchez con la salida de la vicepresidenta y ministra de Hacienda María Jesús Montero para oficializarse como candidata a las elecciones de la Junta andaluza. En los «quinielódromos» hay especulaciones para todos los gustos. Yo apenas me arriesgaría a decir que el Ejecutivo está en buena parte quemado, abrasado, y que es precisa una remodelación a fondo, pero casi apostaría a que Sánchez, genio y figura, no la hará.

En las especulaciones de cenáculos y mentideros la hipótesis más probable consistía hace unas horas en señalar que la cartera de Hacienda iría a parar al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que acumularía ambas. Y que la vicepresidencia primera la ocuparía oficialmente —porque de hecho ya lo está haciendo— el «superministro» Félix Bolaños. Pero vaya usted a saber.

Consta que hay voces en Sumar partidarias de la salida del Ejecutivo de los cinco ministros de esta formación, por entender que ahora les perjudica más de lo que les beneficia seguir con su suerte unida al Gobierno del PSOE que preside Pedro Sánchez. Y porque alguna de sus figuras más señeras, concretamente Yolanda Díaz, ha perdido gran parte de su peso específico. También consta que hay voces influyentes dentro del PSOE que recomiendan destituir también a algunos ministros especialmente «quemados» o que no han cumplido a plena satisfacción las tareas encomendadas, o que dan un perfil demasiado bajo. Son cinco los nombres que se mencionan, algunos muy próximos a La Moncloa. Pero la verdad es que certezas, ninguna.

Sánchez ahora ha de afrontar las elecciones andaluzas, en lo que era el feudo del PSOE, con las expectativas de un severo varapalo. Y necesita encarar este golpe, que afecta nada menos que a la mujer que hasta ahora ha sido su ‘número dos’ en el partido y en el Gobierno, con un Ejecutivo fuerte, muy cohesionado, capaz de hacer frente a los enormes retos mundiales que ahora se le presentan. Y actualmente, muchos opinan que no es el caso: el desgaste de la gobernación ha sido inmenso.

Si no me atrevo a precisar una ‘quiniela’ de ministros, menos aún me atreveré a señalar una fecha para las elecciones generales. Sánchez insiste en que agotará la Legislatura, pero la incredulidad crece: son muchas las cosas que van a ocurrir, que están ocurriendo ya, esta primavera. Yo insistiría en que, tras las vacaciones de la Semana Santa, que siempre suponen un parón en la frenética actividad política española, se van a acelerar muchas cosas, porque comienza, ni más ni menos, una nueva era. Y las elecciones andaluzas, sus resultados, van a ser el epicentro de la etapa del vía crucis que aguarda a Sánchez.