LA LIEBRE
Gafas de cerca
La suerte de los proyectos prometidos como los pilares para la reindustrialización de León se esconde en que, si uno aguarda un poco, puede ver cómo se materializan por debajo de Izagre. Sólo se necesita tiempo, estómago para aguantar la suma de coartadas de los sucesivos agentes políticos, temple para no arrancar el tractor como el paisano de Villamuñío que puso con las cuatro patas para arriba el coche del cobrador de morosos neonazi que le hostigaba, paciencia y memoria o, en su defecto, una hemeroteca en papel de las que resisten el empuje del algoritmo triturador de la red. No suele fallar. No lo hizo cuando, después de dos décadas de delimitar con el cartabón las esquinas de las parcelas expropiadas en Torneros para la plataforma intermodal, sin que cuadraran nunca con las condiciones de los estudios de demanda que exigían los políticos, nos amanecimos una mañana con el estreno del complejo ferroviario ejecutado en el Páramo de San Isidro vallisoletano, complementado por la variante de Olmedo, para desviar el tráfico de mercancías y asentar a Valladolid como nodo principal del Corredor Atlántico en el noroeste. Coincidió, pensamos. Pero resulta que hace unos días, cuando buscábamos el parque agroalimentario del Bierzo, prometido por la Junta en 2017 en un acto con todo el boato, el GPS nos sacó de nuevo más allá de la raya del límite provincial, hacia la misma dirección que marca el Pisuerga, donde se concreta ya el plan director para desarrollar una infraestructura con 273 millones de inversión que aventura la creación de 29.600 empleos. Casualidad.
La respuesta simple lleva a culpar a Valladolid cuando la responsabilidad apunta dentro. La ausencia de una estrategia unificada, sin traiciones de los representantes políticos leoneses en las administraciones superiores ni servilismo de los cargos políticos en las cercanas, nos condena. Al Gobierno no le rentan los votos aquí, mientras la Junta juega desde hace años a azuzar la división interna con la promoción de caciquiños bercianos que replican la crítica del centralismo pero con el foco en León a cambio de una propinina, aunque luego callan sumisos cuando les niegan lo prometido para su futuro. Para verlo no alcanza con las gafas de cerca.