Creado:

Actualizado:

Ahora que Juanma Moreno ha dejado de ser Juanma Moruno, como le llamaba Abascal en campaña, hay que reivindicar el único concepto de prioridad que respetan los políticos, sean del signo que sean. ¡Para que luego digamos que no tienen principios! En realidad todos ellos tienen uno solo, pero muy firme, de una solidez marmórea, inquebrantable. Lo podríamos definir como prioridad sillonera, que quizá no tenga la potencia como eslogan de la prioridad nacional, pero resulta mucho más útil desde el punto de vista explicativo. «¡Yo también he sido capaz de vender mis ideas por un sillón!», podría gritar hoy Juanma y de inmediato encontrará ahí un punto de conexión con Sánchez, unidos ambos por sendas coaliciones imposibles que en un par de noches dejaron de serlo, y aquí paz y después coches oficiales.

Los españoles debemos estar muy agradecidos a nuestros dos grandes partidos: de pronto nos vemos obligados a elegir entre la ultraderecha cañí y un gazpacho de nacionalismos con tropezones carlistas. Qué bonito panorama. ¡Elija usted la boina a rosca que más le guste! Conste que a mí Abascal me llama Moruno y de inmediato se lo agradecería. Sería un honor verme integrado en la cofradía de Averroes, de Ibn Battuta, de Al Jwarizmi. En su caso, sin embargo, lo interpreto como un lamentable complejo de inferioridad. ¡Santi, tío, que te he visto montar a caballo y parece que acabas de desembarcar en Tarifa con los almohades! A ver si un día de estos invitas a Juanma a cabalgar y luego aprovechas para quitarle con una espátula y aguarrás los restos de moderación, que algunos barnices se quedan pegados al cuerpo como una segunda piel y acaban haciendo feo.