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Que agosto es un mes que habría que prohibir lo sostuvo con argumento, con pluma de oca pispa y con tinta de calamar zurdo Luigignolo Urdiambris, moción que aquí aprobamos no sin albricias y sintonía agregándole motivos y penosas circunstancias que confirmarán la necesidad de apear este mes del calendario o, al menos, contener sus incontinencias, ruidos y dictaduras... porque es mes de sobrarle mucha cosa más que de necesitar nuevos líos, agendas y contemplaciones.

Porque es mes que si antes agrupaba sus fiestas patronales en la Virgen de agosto o san Roque en los pueblos de siempre, hoy esparrama vagones de fiestorros, festivalillos y fiestambres con los motivos más diversos: que si la feria de la sidra, que si el jolgorio de la cerveza, que si los quesos de cabra bizca, las rosquillas de hierro, los bordados artesanales, las peras limoneras, los mercadillos medievales en honor del conde Olinos... Porque es mes en el que no hay día sin su recital de poesía, sin su exaltación de valores tradicionales y su consagración de ombligos identitarios, sin sus libros de sufragio municipal, sin su concierto de corno inglés y viola de gamba a cargo de dos alumnos del pueblo que estudian en el Real Conservatorio de Madrid, sin su exposición en la casa de cultura de cobres esmaltados y vidrios encobrecidos de una artista segoviana que es amiga de la prima de una concejala, sin su presentación de la revista comarcal en edición extraordinaria, sin sus pitos, sus flautas... Porque es mes de concejitos por la cara y filandorrios por el culo, de veraneantes oriundos con voz y trueno en toda obra pública y proyecto vecinal, de concursos de tute cabrón en la cantina que ahora regenta una colombiana (algo de agradecer o su cierre remataría la ruina del pueblo)... ¡qué mes, señá Remedios, qué mes!... y por si fuera poco, han contratado un eclipse para que el listillo del hostal Reina Urraca o la pensión Marisa pongan la dormida de esos días a trescientos euros porque hay quien los paga. Y si además viene con moscas y calores aloriados que escalan a lo alto del termómetro, ¿quién no ruega que se extingan los agostos?...