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Hay una asociación que no consigue ni en agosto sus diez minutos de gloria en telediarios de eco nacional y se conforma con ecos periféricos, pese a lo estrambótico de su notición-andanada que garantizaría una mayor atención en la sequía informativa tan de este mes: La Orden Soberana del Templo de Cristo (¡con sede en Castrillo de los Polvazares!, ahí le dio) demanda al papa León XIV ante la Nunciatura y en juzgados de Madrid para que rehabilite a los templarios que disolvió una orden papal ilegítima e ilegal en el siglo XIV... que reconozca como mártires los 650 caballeros que fueron ejecutados igual que su último gran maestre Jacques de Molay... que reconozca el sacerdocio templario según el rito de Melquisedec con autorización para leventar oratorios y capillas... que le devuelvan la iglesia de la Vera Cruz de Segovia... que le entreguen los archivos vaticanos sobre esta orden para estudiar las indemnizaciones, compensaciones o devoluciones del patrimonio incautado... y que se convoque un concilio que dirima esta cuestión.

Pero esta asociación, que desde 2005 le sopló esta gaita hasta siete veces a la sordera judicial, añade que no se trata sólo de la reparación histórica reclamada, sino de urgir también de paso a la Iglesia la denuncia contra el genocidio civil en Palestina (¿?), sin saberse a ciencia cierta a qué viene aquí tal deriva.

Lo paradójico de templar su gaita templaria es que, teniéndolo tan a mano, no chifle para recuperar el Castillo de Ponferrada, bastión templario dado por Fernando II y levantado en 1187, aunque a los nueve años se lo quitan al haber traicionado sus caballeros a León apoyando a Castilla. Años después se les devolvió, aunque de nuevo les echó la disolución de lo templario. Pero el castillo actual no es el que levantó el Temple, sino el reformado y ampliado en el siglo XIV por los Lemos y Osorios. Recuérdelo la ensabanada compaña de la fiestuqui templaria que hoy le hacen yendo a sus muros en adoración, mientras los ponferradinos que sufrieron la tiranía comendataria de los templarios se revuelven en sus tumbas contra lo papanatas y la desmemoria de estos sus nietos templagaitas.