CANTO RODADO
Trincheras en agosto
Estamos a tiempo de que las nuevas generaciones beban en el pozo de la sabiduría de los huertos tradicionales
La sabiduría de un huerto no cabe en un libro ni mucho menos en los manuales para urbanitas que proliferan para llenar el vacío de conocimiento real. Un pozo de cultura ancestral se está secando de la misma manera que a los huertos del Órbigo les quieren ahogar de sed con el robo del agua para su riego.
Las muchas ‘Mesopotamia’ que hay en León son herencia de un episodio que marcó un avance en la humanidad tan gigantesco como puede ser hoy la carrera espacial. De no ser por el descubrimiento de la agricultura, seguiríamos cazando y recolectando frutos silvestres. Quizás ni siquiera existiría ya la especie humana.
Sin embargo, el progreso de los últimos cincuenta años y el que se vislumbra en los planes de colonización de la Luna y hasta Marte se aleja cada vez más de la herencia recibida. Incluso la agricultura y la ganadería se aleja de la tierra y se hipnotiza con grandes plantaciones de cultivos o granjas industriales que se manejan con un mando desde el sofá.
Gracias a estos nuevos sistemas de explotación del suelo y los animales el mundo se puede alimentar, nos cuentan. La pregunta es ¿de qué manera nos alimentan? Y, afinando un poco más: ¿Se puede cultivar y criar ganado a una escala más acorde con la soberanía alimentaria local que con los grandes fondos de inversión que intentan hacerse con los terrenos de nuestros abuelos y abuelas?
Pero hay resistentes. Rebeldes que cavan trincheras en agosto. Hemos pasado de los otoños calientes de antaño a los veranos ardientes. Gente que sabe que la fiesta no está reñida con la conciencia. Los hortelanos y hortelanas del Órbigo, con el apoyo vecinal, se plantaron el viernes en el centro de León, ante la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) para que se les escuche.
Tan claros como el agua que reclaman frente al oscurantismo de un organismo que vive tan alejado de la realidad como cerca de los poderosos que quieren gestionar el agua a su antojo, que han convertido las riberas en un cortijo y dan la espalda a todo atisbo de usos y gestión tradicional de los cursos fluviales.
Los científicos del decrecimiento de un sistema voraz y del crecimiento de la conciencia también se han puesto a cavar trincheras en verano. Han llenado cines como el Mary de Cistierna que pocas veces en los últimos años han visto tanto público y han hablado claro. Fosfatos, biogás y embalses reversibles son el chocolate del loro para los ‘caza subvenciones’, destrozo y contaminación para los pueblos y más despoblación. «Sin agricultura, la repoblación es una ilusión», asegura Antonio Aretxabala. Agarrarnos a la tierra es la única manera de salvarnos, porque, ya deberíamos saber que la Tierra, o en lo que se convierta, seguirá sin nosotros.
Estamos a tiempo de que las nuevas generaciones beban en el pozo de la sabiduría de los huertos si se escucha a las gentes que aún saben cómo plantar y hacer crecer un tomate. De lo contrario, las plagas de ‘urbaletos’ vendrán a la caza del último fruto. Como en las cavernas.