Un hombre introduce un voto en una urna en una jornada electoral.DL

Creado:

Actualizado:

La banda sonora del debate parlamentario que este viernes tumbó los dos decretos que parió el Gobierno, bajo la aviesa mirada de los acampados en la Puerta del Sol, fue inequívocamente electoral. Diríase que los portavoces de las distintas fuerzas hubieran asumido ya que estamos en las últimas horas o los últimos días de una Legislatura agonizante.

De hecho, los ambientes políticos y mediáticos de la mañana venían cargados de presunciones sobre una inminente disolución de las Cámaras. Incluso con fecha fija para la jornada electoral: el domingo 29 de noviembre. Lo cual precisaría de situar la decisión en la agenda de la próxima semana.

Al todavía presidente del Gobierno no le salieron las cuentas porque sigue divorciado de la realidad. Si Sánchez quiere hacer bueno su argumento de que mantener los dos decretos era útil para que los partidos se retrasen sobre el problema de la vivienda, debería hacerlo extensivo al pueblo soberano en las urnas, sin quedarse solo en los representantes del pueblo soberano en el Congreso.

La incógnita no está despejada en el momento de escribir este comentario. Pero, lo dicho, al margen de que Sánchez de el paso o deje de darlo, el ruido de urnas ya es ensordecedor. Y todo lo que ocurra a partir de ahora, desde el análisis del "no" del Congreso a los decretos sobre la crisis de la vivienda hasta la onda expansiva del caos ceutí, pasando por la corrupción de cercanías, estará inevitablemente marcado por la exposición de los partidos al dictamen de las urnas.

Por lo demás, la reseña del debate en el Congreso fue la cantada desde que, unas horas antes, los 7 diputados de Junts anunciaran su "no" a los decretos fletados por el Gobierno porque, en palabras de la portavoz catalana, Mirian Nogueras, "no resuelven nada". Además, alimentan la "falsa esperanza" de una mayoría social confiada en que van a resolver en ocho días lo que han sabido o no han querido revolver en ocho años.

Ya el propio Sánchez, había precalentado el clima electoral con un mensaje en redes sociales, simplón y tramposo donde los haya, en el que volvía a su infantil maniqueísmo de buenos y malos. O sea, lo que quiere la mayoría social y lo que quieren los especuladores. Perfectamente sincronizado con el portavoz socialista, Patxi Lopez, que citó a un filósofo conservador del siglo de las luces para clavetear la simpleza: "Para que triunfen los malos solo es necesario que no hagan nada los buenos".

Puestos a infantilizar la eterna controversia de buenos y malos, la izquierda se colocó junto a la mayoría social que apuesta por los "inquilinos vulnerables", mientras que la derecha se colocó junto a los pequeños propietarios que apuestan por los "caseros vulnerables". Pero servidor no dirá cuál es el bando de los buenos y cuál es el de los malos.