La colegiata de Santa María es uno de los grandes símbolos patrimoniales de Villafranca del Bierzo y del Camino de Santiago.Getty Images

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Hace años que solicité una calle en recuerdo de Ramiro Armesto, abogado villafranquino, republicano de izquierdas que, siendo presidente de la Diputación de León, fue fusilado en el cementerio de Puente Castro en noviembre de 1936. Lo hice a pesar de haber leído el libro de Manuel Silva Ferreiro Galicia y el Movimiento Nacional, publicado en Santiago de Compostela en 1938, que dice: «Las gentes de la zona de Valcarcel, en el Bierzo, estaban en una gran parte envenenadas por las predicaciones que en frecuentes mítines les sirvieran elementos destacados del marxismo, como D. Ramiro Armesto, presidente de la Diputación de León, que recorrió los pueblos de Balboa y Vega mitineando, y arrastrando en pos de sí a los labriegos, con las mentidas promesas de que ya no pagarían las deudas y podrían disponer, como propias, de las tierras de los demás. Todo esto, unido a la influencia de la población minera que tenían cerca, hacía de los habitantes de Valcarcel un elemento propicio a la revolución».

Mario Amilivia, alcalde de León, en el año 2003 hizo homenaje al republicano de izquierdas Félix Gordón Ordás, con el apoyo de la Diputación, de la Junta, y del Gobierno de España, todos del PP. Franco no aceptó ni participó en el embargo decretado por Estados Unidos contra Cuba en 1960, y mantuvo relaciones diplomáticas y comerciales con el gobierno comunista de Fidel Castro. Las propiedades de los españoles en Cuba no han sido devueltas. Sin embargo, en España, la familia Negrín sí fue resarcida, en 1995, con 287 millones de pesetas como compensación por la incautación de los bienes de la herencia de Juan Negrín Cabrera. «En aras de la paz y la concordia», artículo publicado el 25-6-2025 en esta página, saqué a relucir a Melchor Rodríguez García

El Ángel Rojo, anarquista que se ganó el respeto y afecto de muchos falangistas. Francisco Frutos Gras, ya mayor, tuvo razón y valor para enfrentarse al separatismo catalán. Siendo secretario general del Partido Comunista, se presentó a las Elecciones Generales en coalición con el PSOE de Joaquín Almunia. A Pablo Iglesias, mandamás de las juventudes comunistas, no le gustó el pacto y rompió su carnet. José María Aznar ganó con mayoría absoluta. Felipe González, en el Congreso Extraordinario de septiembre de 1979 abandonó el marxismo y fue aclamado por el PSOE. En Villafranca del Bierzo, el 17 de marzo de 2025 eliminaron las dos placas que recordaban a los falangistas muertos en combate. Cómplice es el PP, que no ha cumplido con su programa electoral y, con mayoría absoluta en 2011, no derogó la Ley de «Memoria Histórica», ahora «Memoria Democrática» de los «hijos de putin» defensores de Castro, de Maduro, de los separatistas, de la amnistía, de la ocupación de viviendas. No cojeo de ningún pie. Pueden verlo en: «Con la barriga llena», del 25-6-24; «Charnegos separatistas», del 15-10-23; «Unamuno y Juan Ramón Jiménez creían en Dios», del 13-5-25. Y si afirmo que la Universidad Laboral de Gijón es una maravilla (¿también van a derribarla?), no estoy blanqueando el franquismo, digo una gran verdad. Sin embargo, los que se autodenominan «antifascistas» sí están magnificando la Segunda República, y omiten que había mucha gente republicana de derechas. Claro que la Iglesia católica también está obligada a cumplir la Ley de Memoria Democrática, pero no ha tenido la honestidad de dedicar una oración en homenaje a estos falangistas que entregaron sus vidas en defensa de Dios, de la propiedad privada, de la libertad de enseñanza, de la paz y la concordia. A los fanáticos les sobran insultos, les faltan conocimientos y argumentos. ¿Acaso eran angelitos los milicianos del Frente Popular y los maquis que mataron en la iglesia de Dragonte, mientras celebraba misa, al cura Recesvinto Ruiz, en octubre de 1945, o los que el 5-9-1942 asaltaron el autobús de la Empresa Fernández que hacía la línea Truchas-La Bañeza y ocasionaron ocho muertes? Los falangistas entregaron sus vidas en el frente de combate, evitaron que España fuera una terrible y sangrienta dictadura comunista al servicio de Rusia. En Villafranca, gracias a buenas personas como mi tío Amadeo Bouza González y su gran amigo José Fernández Marvá

Veguita no se asaltaron conventos, no se violaron monjas, no se mataron curas, no se quemaron iglesias. Recomiendo la lectura del libro

Aquel Marvá de Villafranca de José Antonio Fernández Llamas. «La izquierda promete el paraíso en la tierra, pero siempre termina construyendo un infierno, sin Dios, sin libertad y sin alma», dijo el Cardenal Robert Sarah, y tiene toda la razón según se demuestra con total contundencia en Cuba, en Venezuela, en muchas naciones a lo largo de los últimos cien años de Historia. Desde 1944 hasta 1947 el terror rojo en Italia asesinó a más de 50.000 católicos y muchos miles de desaparecidos siguen en fosas comunes. La mayor represión se produjo en el norte, obra de la Brigada Garibaldi cuyos comisarios políticos habían actuado con las Brigadas Internacionales en nuestra Guerra Civil. Los comunistas italianos martirizaron y asesinaron a miles de sacerdotes una vez acabada la Segunda Guerra Mundial. En febrero de 1945, los milicianos católicos que habían luchado contra Mussolini fueron asesinados por los partisanos comunistas por negarse a apoyar un pacto con Tito. Entre estas víctimas Guido Pasolini, hermano del cineasta Paolo. De ellos no se acordó Sampedro en

La sonrisa etrusca, protagonizada por el partisano Salvatore, redomado machista, experto en copular con ovejas y cabras, (páginas 221 y 222 del libro, RBA Editores 1993). La famosa «Resistencia Francesa» tiene mucho de mito y poco de realidad. Lo cierto es que los franceses se sometieron a los nazis y finalizada la SGM los partisanos, casi todos del Partido Comunista, asesinaron a 85.000 católicos. En España, entre 1936 y 1939, el Frente Popular asesinó a 70.000 civiles, entre ellos a los «derechistas» enviados en dos trenes desde Jaén a Madrid, los días 11 y 12 de agosto de 1936. El primer tren fue asaltado por milicianos armados al llegar a la estación del Mediodía de Madrid, seleccionaron a once y los asesinaron. El segundo tren fue detenido por los comités revolucionarios, cerca del apeadero de Vallecas, y fueron asesinados 193 de los 245 pobres inocentes. Los jesuitas fueron expulsados por Azaña en enero de 1932, y regresaron en 1938 al ser llamados por el bando nacional. Los falangista villafranquinos, muertos en combate, con su sangre derramada sembraron la semilla de la paz, la concordia, la democracia y el verdadero progreso. Las dos placas de mármol blanco, con sus nombres, deberían reposar en el interior de la Colegiata. Con toda Burbialidad.

«La izquierda promete el paraíso en la tierra, pero siempre termina construyendo un infierno, sin Dios, sin libertad y sin alma», dijo Robert Sarah