Sánchez, acorralado: llega el día que debe marcar su adiós
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Empresa y Comercio, Carlos Cuerpo durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales para el 29 de noviembre. Esta no es una decisión de grandeza. Es la confesión de que el Gobierno nacido en 2018 y malamente reeditado en 2023 ha llegado al final del camino. Sánchez ha intentado, una vez más, capitalizar la movilización de la izquierda. El desahucio de una mujer de 87 años en Madrid, las acampadas y la amenaza —ya un hecho— de huelga general le ofrecían el escenario perfecto para presentarse como el último bastión frente a la «ola ultraderechista». Pero la realidad es más prosaica: ha perdido el control del Congreso y, con él, la capacidad de gobernar. Después de este batacazo, lo sensato sería que abandonara la política. No por castigo, sino por pureza democrática: quien agota todas las fórmulas y sigue sin poder sacar adelante lo que prometió como prioritario debería dar un paso atrás. El malestar, además, no se limita a la vivienda. Ceuta, la corrupción que ha tocado a su entorno más cercano y a figuras históricas del PSOE, y una legislatura de debilidad crónica componen el paisaje que deja atrás. Seguir al frente tras este fracaso solo alarga la agonía de un proyecto que ya no convence ni a los suyos. Frente a él, el PP y Vox tienen el enemigo delante. No necesitan inventarlo. Feijóo ya ha celebrado que «por fin» la palabra la tiene España. Abascal ha salido a marcar el terreno con su habitual contundencia. Ambos están condenados a hacer una campaña inteligente, fría y nada visceral. El electorado no premia el grito fácil cuando el adversario ya está herido. Quien se deje llevar por la tentación del exceso corre el riesgo de regalarle a Sánchez el único relato que aún le queda: el del agresor frente a la víctima. En León la convocatoria se lee con otro matiz. PSOE y PP coinciden, por una vez, en ver en estas elecciones una oportunidad para redibujar el mapa político de la provincia. UPL, que hace días dejaba abierta la puerta a presentarse, ahora asegura que lo está pensando. El tablero local se mueve mientras el nacional se prepara para una campaña que, si alguien la juega con cabeza, puede ser decisiva. Sánchez ha adelantado los comicios porque ya no podía seguir. La vivienda, la bandera que quiso hacer suya, se le ha quedado pequeña. Después de este batacazo, lo coherente sería que dejara paso. Ahora toca a los españoles decidir. Y a la oposición, demostrar que sabe ganar sin necesitar al enemigo más débil de lo que ya está.