CORNADA DE LOBO
¿Moros aquí?
Qué pasote, mon amí, qué invasión reluciente de norteafricanos de chichimoni apuntándonos con alfanjes, cuánta moraima con gualdrapa como corceles en justas de romper lanzas... y con tanta tontería, que parecen salidos de un manga japonés repintado en un psiquiátrico, escuadras de moros agarrados en barrera como si estuviéramos en Alcoy bajando por la calle Ancha que se les queda estrecha para sus opulentas vestiduras, qué trajecitos, qué follón de atalajes, pordiós, qué brillos, qué gorricascos de carnaval carioca por montera, cuánta chulería majadera la de estos andalusíes sarracenos, cuánta gana de disfraz en este León papón de comedia perpetua para querer parecer lo que por dentro ni nos asoma...
¿Y los cristianos?... ¿también ellos de esa guisa con los mismos aparejos como sacados de una delirante China mongola?... se parecen a una mesnada medieval lo mismo que un huevo a una castaña... ¿de dónde han sacado esas patrañas piruleras, esos disfraces, esos ropones de fantasía idiota y pretenciosa?... y sobre todo, ¿qué necesidad hay de ser vulgares y rateros de idea ajena, retrasados tardones en imitar por ser indigentes de seña propia logrando que suene León como pedito de monja alcoyana?... Y de las Cien Doncellas ataviadas con trapo barato de teatro colegial tras el bélico cortejo morabito y cristianoide, mejor no hablar, dice Rosalina la de Adrados, que vino a fisgar... y viéndolas mayormente añosas, se preguntó si alguna podía serlo, quiá, algo que el moro podría entender como estafa o burla y armarse aquí la de Dios es Alá. Tampoco ha querido Rosalina juzgar los carros que ¿engalanan? con chamarilería obsesiva como si hubieran salido de robar a un ropavejero y que en nada recuerdan a los que antaño sólo se ornaban con ramas, ramos y colchas de damasco haciendo toldo para subir a la romería froilanera. Y también ruega la pobre mujer que si vienen los de Vox, tan eufóricos hoy, cumplan sus promesas y expulsen a todos esos moros alcoyanos que intimidan con cimitarra y los manden de Ceuta pallá, muy pallá, no sea que hayan venido para quedarse, cosa que tantísimo es de temer.