El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, medita un posible adelanto electoral.Borja Puig de la Bellacasa

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La credibilidad que es capaz de generar el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez se ha desmoronado durante su estancia en La Moncloa. La sucesión de derrotas en todo tipo de convocatorias electorales así lo evidencia. Pero el PSOE tiene territorios de voto cautivo con una fidelidad a prueba de bombas. Así se entiende que repita de nuevo mitin en El Bierzo, cuando el líder socialista está sistemáticamente refugiado en su despacho, limitando al máximo cualquier exposición pública, que desde hace tiempo acaba siempre recibida con silbidos, abucheos y gritos.

Ponferrada, y la Ciuden, no son una casualidad en su agenda. De nuevo, opta por un lugar donde la fe es inquebrantable, para rodearse de creyentes en esas metas superiores que ha idealizado Sánchez para justificar, ignorando las grietas, que se aferra al poder a los votos de independentistas, golpistas, proetarras...

Lo llamativo es que El Bierzo, una tierra singularmente arrasada por la inacción del Gobierno para facilitar alternativas tras el cierre del carbón y de las térmicas —que decretó el Ejecutivo de Sánchez— sigue siendo un granero de votos socialistas que parece incuestionable. Donde el AVE acabó en un cajón al acceder Rodríguez Zapatero a La Moncloa, con la autovía a Orense convertida en una tomadura de pelo —marcada por constantes anuncios que no llegan al BOE— y con una ausencia absoluta de proyectos de futuro para intentar frenar una sangría poblacional que bate todo tipo de récords.