SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Vulnerabilidad y seguridad

El mejor socio de la policía para hacer frente a la inseguridad son los ciudadanos

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Históricamente las sociedades de forma cíclica se ven sometidas a cambios que determinan el fin de una época y el comienzo de otra. Hasta no hace mucho tiempo estos ciclos eran más o menos espaciados en el tiempo y permitían a las personas adaptarse a las nuevas realidades de forma pausada y sin traumas.

Hoy, todos aceptamos que nuestra sociedad a nivel global se ve sometida a grandes cambios de forma casi ininterrumpida. Podríamos afirmar que vamos de sobresalto en sobresalto. Las sucesivas revoluciones tecnológicas, las filosofías sociales vigentes que rasgan con una forma de entender realidades básicas como la familia, o las crisis religiosas, generan incertidumbre y vulnerabilidad. Nuevas realidades que generan pocas certezas y sí muchas dudas e inseguridad. Precisamente lo que necesita toda persona es certeza y seguridad. La falta de ambas promueve la vulnerabilidad y el deterioro del tejido social. Todo ello representa un ecosistema propicio para la aparición del conflicto. La sociedad se ha dotado de herramientas para al menos evitar la aparición de este, y si no es posible, atenuar sus consecuencias. Entre ellas, la policía. Me referiré en concreto a la policía municipal por su tradición de gestora del conflicto vecinal y mediadora entre partes. La policía municipal se encuentra en una posición privilegiada para afrontar los nuevos retos de vulnerabilidad de los vecinos. Tradicionalmente inmersa en el tejido social, conoce la realidad de los barrios. En una época en la que el aislamiento es cada vez mayor, es clave no perder este contacto con las personas. Conociendo sus temores e inquietudes se puede dar una respuesta adecuada a sus necesidades de seguridad. No solo la evitación de comisión de delitos, que también y es clave, garantizan la seguridad y tranquilidad de las personas. El envejecimiento, la soledad o las enfermedades mentales generan personas vulnerables sin recursos propios para hacer frente a su indefensión. La experiencia práctica demuestra que la prestación de todo tipo de servicios por parte de la policía municipal relacionados con la seguridad de las personas, desencadenan un efecto multiplicador en eficiencia y retorno social en términos económicos muy superiores a los que se pudieran derivar de focalizarse exclusivamente en el mantenimiento de la seguridad ciudadana. La policía municipal debe alinearse con la sociedad, generando una asociación sin fisuras para ganar músculo y poder hacer frente con garantías a esas nuevas realidades que eliminan certezas y generan vulnerabilidad. Si pretendemos ser eficaces en el trabajo de las policías de los ayuntamientos debemos dar un paso más que ser meros garantes de la ley, debemos centrarnos en el cuidado de las personas. Ayuntamiento y cuidado de los vecinos son palabras que están indisolublemente unidas. El origen de los ayuntamientos es precisamente garantizar la seguridad, evitar el conflicto y vulnerabilidad de las familias que se agrupan para convivir y ganar un futuro juntas. No es casualidad que los ayuntamientos desde sus orígenes se dotaran de policía, en una u otra forma. No solo para poner orden en las incipientes ciudades, sino para ayudar al débil, para asesorar, para escuchar al que tenía problemas, aunque no fueran tales, o al menos no fueran tan graves como se denunciaban. Hoy, la policía municipal, si quiere servir con eficacia a sus vecinos debe colocarlos en el epicentro de su modo de pensar y actuar. Por ellos existe y a ellos sirve. No hay otra razón de ser para la policía municipal que trabajar para dar consistencia al tejido social de las ciudades y pueblos.