El mal gusto
Democratizar el mal gusto y dar licencia a lo feo es uno de los peores espantos y epidemias de este tiempo, como lo es normalizar el miedo, premiar la mediocridad o restablecer el reclinatorio para recibir las hostias en postura reverente. Pero lo que peor tiene arreglo es el mal gusto y el estilo apaleado; valgan de ejemplo esos moros alcoyanos y cristianos firulís que nos embutieron por la cara en jornadas froilaneras que buscan además ser identitarias del fuer cazurro, moraina que tiene todo el aire de quedarse entronizando lo vulgar, el robo, lo barato y lo enfermizo. Y valga otro ejemplo que me vino hoy al caso tras ver uno de esos neumáticos o viejas ruedas de coche sirviendo de jardineras o alcorques y repintadas con un titanlux rabioso para que rebrille de lejos la puñalada al ojo. Es frecuente este atentado al buen gusto, y siendo más bien cosa de pueblo, en la ciudad pueblerina sobran también ejemplos. Como a un Cristo una pistola le sienta eso a un arbolito o a unos geranios.
Lo que nunca imaginé es que esos neumáticos de coche lo fueran alguna vez de tractor, ruedonas superlativas, gigantes como el insulto que predican, y ahí las vi, en los jardines del viejo colegio de los dominicos en La Virgen del Camino, hoy dominio mayormente de la «entidad de economía social» que por Soltra atiende. El mal gusto se eleva ahí a la máxima potencia. Con un par. Insolencia supina. E insulto irreverente al mimo y sabiduría jardinera del viejo padre Fernando que tuvo a su cuidado esos jardines y al que nos cupo la tarea de ayudarle apenas recién estrenados. Que además alojaran un rebañito de cerezos colmaba la galanura floral y el festín frutal (tienen ya setenta años, languidecen abandonados a su mala suerte y les falta amor). Tiene derecho el padre Fernando a reburdiar en su tumba por este guantazo a lo suyo, pero no lo hará porque era purísima bondad y además filatélico de pasión... y criaba canarios en su celda. Y aquello, su estilo y naturaleza, se esfumó. Canta un bardo: Todo pasa y nada queda, pero lo nuestro es quedar... quedar mirando las huellas que otros vienen a borrar... golpe a golpe, inverso a inverso...