LEÓN EN VERSO
Nieto eres, pues abuelo serás
Se puede subir al tren a media noche en Moscú y cruzar Krasny Bor poco después de la raya del amanecer. Cosas del Krasnaya Strela y la virtud de los convoyes nocturnos que también nos llevaron los vientos del sanchismo aquí, huérfanos de la épica del traqueteo nocturno camino a Barcelona. O se puede poner rumbo a la tierra que cubre la sangre de los leoneses en la esquina de los palacios de invierno, en el Oblast de Leningrado, en el Aurora, un corcel que cabalga con espíritu de Ter pero con coches de dos pisos y una composición infinita para más de un millar de viajeros. Al final hay que terminar en la TMH a llenar la bolsa de la compra de las primeras necesidades de material ferroviario; es posible incluya algún modelo que satisfaga las exigencias del carnicero con las unidades que puedan pasar la línea roja de La Asunción. La tierra que protege la sangre de los leoneses en Krasny Bor no estuvo en los principios fundacionales de la ley de nietos, que no se limita al salto del título de presentador de cabecera entre generaciones, desde el Nodo a los deportes de Telecinco, como bien puede comprender el lector de las sagradas escrituras del frente popular (véase Diario de León, 20-06-2026). Se puede realizar el viaje a la inversa, si el turista accidental opta por entrar al viejo imperio de los zares por el Báltico. No será empresa cómoda. Te pueden comer cinco horas en el empeño de la frontera; una o dos para saltar la caseta de Narva, y no menos de tres en la barrera rusa, mucho más cuidada como se podrá apreciar que ese coladero de la casa España entre tómbolas de inmigración y oenegés bien pagadas. Desde los canales de San Petersburgo, casi se avista la llanura divina del raión de Tosno, donde el verde no termina, allí, junto a la vieja estación Popovka, que populariza la zona, entre el silbido de la estela fresca del Sapsan, que anda siempre en hora, y se ofrece al muestrario de soluciones para devolver la dignidad perdida a la alta velocidad española, ahora, que se ve la luz al final de otro túnel que no es la Variante. Allí, casi se escucha el aleteo de los aviones españoles de combate en la línea roja de Estonia. Cuidado con esa piedra.