PANORAMA
Feijóo y «tareas de Hércules»
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, interviene en un acto del PP de Aragón, a 13 de octubre de 2026, en Huesca, Aragón (España).
Me parece que, al margen de lo que digan las encuestas, se va extendiendo por el cuerpo electoral la sensación de cambio, de relevo, de que «algo» nuevo llega, sin que ese futuro inmediato quede demasiado bien definido. El agotamiento de la fórmula actual es evidente, y negarlo sería miope: es mucho, y de calado, lo que hay que renovar, cambiar, reestructurar. Y la gran pregunta es: ¿será capaz Alberto Núñez Feijóo de regenerar la maltrecha política española?
Carezco de una respuesta contundente para esta generalizada pregunta, que yo mismo me hago. Feijóo, un hombre corriente, con sus virtudes y sus defectos, no es precisamente Hércules, pero debe asumir unos retos aún más complicados que aquellos que a Hércules le impuso, como penitencia, el rey Euristeo. Ahí es nada: matar al león de Nemea, de piel invulnerable; o a la hidra de tres cabezas, que renacían aunque se cortasen; o limpiar los hediondos establos de Augías; o capturar al can Cerbero; o robar las manzanas de oro de las Hespérides; o... Seguro que la mención al león de piel coriácea y rostro pétreo, a la hidra tricéfala, al can intratable y devorador o a la limpieza de los establos corruptos —perdón, degradados— le sugiere a usted muchas cosas.
Escucho con mucha atención el discurso de Feijóo en estos días, que, por cierto, no es exactamente el mismo que el de algún o alguna otra dirigente del Partido Popular, y para nada es siquiera parecido al del futuro «socio a palos» o «extraño compañero de cama» que nuestra impresentable normativa electoral forzará a Feijóo a tener. Y lo que el presidente del PP, líder de la oposición y principal candidato a La Moncloa dice últimamente parece razonable, pero es, a mi juicio, insuficiente: el cambio con respecto a lo que hay debe ser muy profundo, valiente y basado en el gran acuerdo nacional que, por ejemplo, posibilitó los Pactos de la Moncloa bajo el liderazgo de Adolfo Suárez. Desaparecido el león, quizá se pueda negociar ese pacto con sus cachorros.
Que no digo yo que en los últimos años no se hayan hecho cosas buenas. Lo que sí digo es que el modelo se ha consumido. He preguntado a mi IA qué relación puede haber entre «democracia» y estas tareas de Hércules, y me responde lo siguiente: «La democracia es una tarea hercúlea contra una hidra policéfala que ella misma ha creado».
Pensé en las cabezas que, en forma de socios, por ejemplo, ha tenido el monstruo, la hidra, quiero decir. Me gustó la definición y aquí la traigo: quizá Feijóo debería sumergirse en Homero, Hesíodo y Apolodoro y reflexionar desde la metáfora, que induce a profundizar el pensamiento, sobre lo que seguramente (salvo sorpresas en el país de lo inesperado) le aguarda. Y, si no, que venga Heracles, o sea, Hércules, y nos lo arregle.