La cabra de la legión durante el tradicional desfile militar por las calles del centro de Madrid.EFE

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Qué curioso, qué fario o qué risión que la cabra de dos años que el tercio Don Juan de Austria de la Legión sacó a desfilar el 12 de octubre se llame «Babieca», como el caballo de El Cid, ooole, tirando bien alto, aquella Babieca medieval que por ir en femenino hay que suponerla yegua si no hubiera ocultado su género una historia tan viciada de masculinitis, pues de ser potro, lo petinente hubiera sido Babieco, lo mismo que esa cabra es a veces macho cabrío y no por tal se decide llamarle cabrón, algo que a un viejo «lejía» podría incluso llenarle de orgullo, ¡pero qué cabrón!, y va y se ufana. Hay quien llamó chivo a esa cabra y eso es peor. Pero lo que se vio ese día hace pensar: ¿qué país es el que hijoputea vociferando a su presidente de gobierno y, a la vez, aplaude enloquecido a una cabra o puta cabra?... ¿no está esa nación pidiendo el diván de Freud o que la manden al psicólogo del colegio de los guajes que entiende tanto de infantilismos en conflicto?...

Por lo demás, no parece muy atinado llamar así a una cabra, toda vez que el diccionario de la Rae, el que fija la ley incontestable de la lengua española, define babieca como «persona floja y boba», y sus seudónimos «tonto, memo, estúpido, idiota, pazguato, papanatas, tontaina, majadero, lerdo, elemento, boludo». También hay etimologías que relacionan ese nombre con baba y babeador, viéndolo probable la Rae. Vaya, debería pensar la Legión en rebautizar al pobre animal, esa cabrita injuriada. Sin embargo, aquí siempre gusta entenderse que esa Babieca de El Cid lo era por proceder de las yeguadas de Babia de tan reconocida y pregonada fama por su fortaleza para el guerrear o el laboreo, como también lo eran las caballerías del Luna, Maraña o La Mediana. Pero por tener ese otro significado el babieca, quizá se explique que los habitantes de esa admirada comarca leonesa prefirieran llamarse babianos, que no babiecos, remoquete de atontolinaos. En fin, que ya sea chivo, cabra o cabrón esa mascota legionaria de gorro cuartelero, no sería extraño que, por no soportar tanto baldón en el nombre, acabe tirándose al monte. Se entiende y lo disculparíamos.