Diario de León

Alberto Flecha

Santa Brígida y San Turmenteiru, el primer día de febreiru

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Si al lector le gusta asomarse a las novedades que ofrecen las librerías, se habrá fijado en que ya hace algunas semanas que El Imaginario Tradicional Leonés , de Nicolás Bartolomé, reposa, con su cubierta negra y elegante, en los escaparates. No voy a detenerme aquí a detallar el esplendoroso desfile de seres mitológicos, brujas poderosas y animales fantásticos que desfilan por sus páginas. Algunos son tan conocidos en nuestros pueblos como los moros o mouros, guardianes de tesoros subterráneos, otros de seguro sorprenderán a buena parte del público, como el hada conocida como Reina Urraca, que poco parece tener que ver con la figura histórica del mismo nombre; la reina leonesa, una de las primeras mujeres en ocupar un trono medieval en toda Europa.

Son muchas, como digo, las historias maravillosas. Una de las favoritas de Bartolomé, como cuenta siempre que tiene ocasión, es la que tiene que ver con Santa Brígida, la santa cuya onomástica se celebra justo en estos días que se acercan, el uno de febrero. En muchos pueblos de la zona llana leonesa existía hasta no hace mucho la creencia de que durante la víspera de este primer día de febrero era cuando los reñuberos y demonios de las tormentas amasaban el pedrisco que sería arrojado durante el resto del año, por lo que lo que durante toda la noche se podía oír en aquella comarca el incesante repique nocturno con el que, desde los campanarios, los mozos de los pueblos trataban de interrumpir la labor de estos seres con frenéticos tentenubes, el tradicional toque de campanas para deshacer las tormentas.

Lo curioso de esta creencia es que no tiene más presencia en nuestra península que la leonesa, mientras que es ampliamente conocida en países del ámbito céltico, como Escocia o Irlanda, donde esta fiesta parece, según algunos autores, cristianizar la celebración pagana del calendario celta conocida como Imbolc, y dedicada a una diosa que precisamente es nombrada como Brigit. Y si a ello añadimos que la devoción y culto a la santa en nuestra tierra es casi inexistente, hace que la presencia de esta creencia popular aquí sea todavía más misteriosa.

En Izagre o en la comarca de los Oteros esta fiesta se celebraba con características típicas de las fiestas de invierno; con mascaradas y cuestaciones, de forma muy similar a como se hacía en los países célticos. Y en la Ribera del Órbigo, un refrán recuerda la relación de la fecha con las tormentas: Santa Brígida y San Turmenteiru, el primer día de febreiru.

Maravillosas las historias que nos trae Nicolás Bartolomé, muchas de ellas relativamente desconocidas. Hasta ahora. Su Imaginario Tradicional Leonés está esperando por aquellos lectores curiosos que quieran adentrarse en sus misterios.

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