jueves 19/5/22

Una mujer contra Franco

Josefina Cuesta y Almudena Grandes se me han cruzado en la tarde salpicada de nieve. Dos mujeres que tienen en común el haberse ido pronto, demasiado pronto, con la vida repleta de ganas de ser vivida y una obra fructífera y plena. Ambas dedicaron buenos años de su saber y hacer a rescatar y relatar la épica de los perdedores y las perdedoras del siglo XX. Una tejiendo historia, la otra hilando novelas.

Josefina Cuesta, a quien iba dedicado este artículo hasta que supe de la muerte de Almudena Grandes, fue cofundadora de la Asociación Española para el Estudio de las Migraciones y los Exilios Ibéricos. Hace bastantes años presentó en León el libro Historia de las Mujeres en el siglo XX, una magna obra de cuatro tomos que saca de la penumbra de la historia a la mitad de la población en un siglo clave en la conquista de sus derechos y en el caso de España en su freno por una larga dictadura. Almudena Grandes nos deja, entre otros libros, los seis volúmenes de Historias de una Guerra Interminable que atraviesan lo peor de la historia del siglo XX. Echaré de menos sus artículos. A Josefina Cuesta la conocí personalmente en el verano de 2019. Ella ya estaba jubilada, coincidimos en Llanes, en un curso de la Aemic dedicado al exilio infantil en la Guerra Civil, otro gran olvidado de la historia. Adrian Bell, autor de Only for three months, relató la evacuación desde Santurce a Southampton, en mayo de 1937, del a vapor Habana, en el que viajaban dos niños leoneses, Francisco y María Jesús Robles, que siguen en el Reino Unido —resistiendo a la pandemia y a la soledad, en el caso de Paco— y la maestra María de Dios, emigrantes en el País Vasco. En Llanes compartimos la excursión hasta el Mazuco, escenario de la gran batalla que puso fin al frente norte en septiembre de 1937. Hicimos juntas el viaje de vuelta en amena conversación.... Y no pude evitar preguntarle por un episodio del que había oído hablar: su aportación a los informes históricos que lograron sacar de la plaza Mayor de Salamanca el medallón de Franco. Una gesta de la historia que se libró en un juzgado por una demanda de Izquierda Unida, con la oposición del Ayuntamiento charro, por entonces gobernado por Alfonso Fernández Mañueco. A Josefina no le gustaba presumir del triunfo. Se limitó a seguir tejiendo historia y poniendo a las mujeres en el foco. En la exposición Rostros del olvido, rescató a 22 alumnas de la Usal, como la pionera médica la leonesa Nieves González Barrio, entre las 690 primeras universitarias para llenar simbólicamente los medallones vacíos de la plaza y reivindicar el espacio público para las mujeres. La primera cátedra de Memoria Democrática, que van a crear la Universidad de Salamanca y el Ministerio de Presidencia, llevará el nombre de Josefina Cuesta. A falta de ley, que brille el conocimiento.

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