Conciliación de fuerzas
En nuestra ineludible condición de criaturas homínidas, equipadas para defender la supremacía de la especie, algo conciliador se interpone entre la práctica del canibalismo y el excelso humanismo. De la misma manera que somos capaces de matar para sobrevivir, también seriamos capaces de morir incondicionalmente por el otro. Así se constata, en el tiempo, nuestra contradictoria evolución. Somos pura energía contradictoria; pero este es nuestro explosivo origen, del que no nos podemos desprender, por estar inmiscuidos en la vorágine del intocable destino universal. Somos luz y tinieblas; amor y odio; desidia y esperanza; calor y frio; comprensión y radicalismo…; pero una fuerza conciliadora, entre la explosión del volcán y la mar en calma, no dirige inconscientemente hacia esta maquillada evolución humana. Viajamos por este caos existencial del que procedemos y al que inexpugnablemente nos dirigimos, bajo un conciliador e invisible nexo de unión que nos abraza.