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León

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La noticia está en toda la prensa y en boca de todos: acaba de fallecer a los 69 años de edad el religioso Manuel García Viejo, misionero leonés con 30 años de trabajo en África y 12 años como director médico del hospital San Juan de Dios de Lunsar (Sierra Leona, Africa) donde se contagió del ébola. Es el segundo misionero español que muere a causa de esa terrible enfermedad; el primero fue el P. Pajares, toledano y trabajando en Liberia. El misionero García Viejo, perteneciente a la Orden de S. Juan de Dios desde hace más de 50 años, ha muerto en Madrid, después de ser repatriado y sin que se le haya podido suministrar la medicina apropiada, al no contar con ella la sanidad española. García Viejo nos honra a todos los leoneses: no muere en un safari africano corneado por un rinoceronte o devorado por un león; tampoco en un casual accidente haciendo turismo de aventura… NO. Muere, en el tajo, después de toda una vida entregada a la causa de los desposeídos en un país pobre de Africa. Y muere, siendo médico, como muchísimos pobres: porque no tuvo la medicina que pudiera salvarlo. Su muerte, aunque haya sido debida a una enfermedad rara y hoy casi incurable nos recuerda que él vio morir a muchísimos de enfermedades curables pero que no tuvieron acceso a los medios necesarios. Nos recuerda todos los muertos por desnutrición, por malaria, por tuberculosis, por una simple diarrea… Y su vida, gastada día a día al servicio de los más pobres, es una denuncia contra una sociedad que condena a la muerte antes de tiempo a millones de pobres. Si entendemos el mensaje, su costoso traslado a Madrid (aunque haya sido sabiendo que iba a morir) no servirá solo para tranquilizar la conciencia de nuestras autoridades, sino que habrá valido la pena para hacernos a todos más conscientes de que otro mundo más justo es posible. José Mª Rojo G. DNI 9654102 J

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