Además de bilingües, todos los españoles del mañana, ajedrecistas

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León

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Parece ser que el ajedrez ha conseguido que se unan derecha, izquierda, norte y sur en España. La Comisión de Educación del Congreso ha probado por unanimidad que el ajedrez sea una materia más en la enseñanza. Queda por saber si será obligatoria, será optativa, será una materia extraescolar... Además de los estudios que avalan la validez y conveniencia de esta disciplina, sin duda alguna, a la aprobación general, ha contribuido el hecho de que el ajedrez se considera una actividad de alto nivel intelectual. Ignoro si hay estudios que demuestren que la horticultura contribuye a un pleno desarrollo físico e intelectual de los humanos, pero dudo mucho que si los hubiera nuestros políticos hubiesen llegado a un consenso similar al que han conseguido con el ajedrez. Y es que aunque el nivel cultural en España no sea precisamente alto, presumir de cultura, de leer mucho, de dominar la terminología de moda es un deporte nacional. Miedo me da la forma en que se pueda implantar la práctica del ajedrez en los centros. En España la enseñanza no funciona. Punto. Cuando algo no funciona hay que analizarlo seriamente escuchando a todas las partes implicadas en el tema. En este caso alumnos de toda índole, padres, maestros y profesores. En España seguimos empezando la casa por el tejado. Se enseñaba y aprendía mal el inglés y nuestros políticos, que en su mayoría no hablan más idioma que el materno, deciden que los alumnos españoles aprendan ciencias, geografía, historia, matemáticas... en inglés... sin un profesorado totalmente bilingüe y experto en las materias como sería menester. Resultado: ni la enseñanza es remotamente bilingüe, ni se adquieren los contenidos debidamente ni en idioma alguno, ni se mejora el nivel de competencia en inglés al terminar la enseñanza obligatoria. Para aprender un idioma solo hay que utilizarlo prácticamente, oralmente y por escrito a diario, de forma activa y natural. No hace falta aprender matemáticas en inglés (menos aún en alemán), ni ciencias, ni geografía. Es ridículo que se entablen batallas para que se garantice que un alumno pueda aprender en español en Cataluña, Galicia o País Vasco y luego en Castilla y León se aprenda la historia de la región (¿?) en inglés. Tenemos unos políticos con ideas tan peregrinas que dan ganas de llorar. La realidad es que nuestros padres y abuelos estudiaban con un solo libro "la Enciclopedia" y tenían un grado de cultura general envidiable. Los que estudiamos EGB, BUP y COU, a pesar de que nuestros profesores de entonces se quejaban de que obteníamos resultados peores que nuestros antecesores, también conseguimos un bagaje cultural decente. Sabíamos redactar correctamente, expresarnos oralmente de forma adecuada, hacer comentarios de texto y criticas literarias o artísticas sin google, wikipedia o el rincón del vago. Nos hemos hecho tan modernos, tan alternativos, tan estúpidos, que hoy por hoy se estudia más que nunca para nada y se estudia para aprobar cada uno de los infinitos exámenes que no demuestran nada, ni la adquisición de conocimientos, ni el esfuerzo y el trabajo del alumno, ni la verdadera preparación o capacidad del estudiante. Este sistema consistente en tener todo el día ocupados a los niños con examen tras examen, trabajo tras trabajo (que en su grandísima mayoría realizan los padres y sobre todo las madres) es un fiasco total, un matadero de ilusiones, de interés por aprender, por descubrir cosas nuevas. Los maestros y profesores tienen que volver a centrar la enseñanza en el aula. Los alumnos tienen que salir de colegios e institutos prácticamente con todo aprendido. Los trabajos de investigación hay que hacerlos en clase para lo cual los profesores tienen que enseñar a investigar, tienen que "explicar", tienen que orientar, enseñar a redactar y a debatir con corrección, de forma elocuente y eficaz. Las manualidades hay que hacerlas en clase. El idioma hay que practicarlo todos los días desde que se entra por la puerta del aula. Cada noción nueva hay que experimentarla una y otra vez hasta que cada alumno la haya asimilado; hay que volver a preguntar en clase, a leer en voz alta lo que se ha redactado. Para todo esto se cuenta con más medios que nunca, Internet, maravillosos vídeos que ilustran cualquier tema y que invitan a la reflexión y al análisis en clase, que promueven el debate. Hay que enseñar a pensar, a analizar, no a repetir como papagallos lo que y como el profesor de turno pretende. Hay que aligerar los contenidos en la enseñanza obligatoria. Se necesita una base sólida y esencial, no millones de nociones dispersas exigidas para satisfacer el ego de quien decidió incluirlas en el currículo. Los niños y jóvenes tienen que volver a jugar al aire libre, a hacer más deporte en vez de estudiar libros de educación física. Los padres tienen que volver a disfrutar de su tiempo en vez de pasarlo buscando en Internet para hacer los trabajos de los hijos porque si no, los hijos no duermen suficientes horas. Y luego que cada cual elija su pasatiempo: guitarra, macramé, ajedrez, acuarela, jardinería... ¡Lo que quiera! Cualquier actividad humana que contribuya a que el individuo se sienta realizado y satisfecho es idónea. Debemos preocuparnos de que nuestros niños y jóvenes sean felices, estén satisfechos de sí y esto no se consigue atiborrándolos de deberes y de exámenes sino enseñándoles a descubrir sus talentos.

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