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Han pasado muchos años desde que empezaron las alertas sobre la importancia creciente que tiene el agua. Muchos esfuerzos e inversiones se centran en mejorar su uso. Forma parte, con un peso enorme, de la vida y las posibilidades de desarrollo de la naturaleza, incluido el ser humano. Su existencia es decisiva para configurar paisajes, lugares habitables e incluso guerras pasadas y, lamentablemente, futuras. El agua facilita usos industriales, pero también mantiene activas viejas tradiciones, ligadas a aprovechamientos en el mundo rural que merecen pervivir. Por eso, debe apoyarse la iniciativa del Ministerio de Cultura para que los sistemas de riego clásicos alcancen la catalogación como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.