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El anuncio de que se retiran dos denominaciones de calles en León por contener un homenaje con referencias a la dictadura franquista es una buena noticia. Caben todas las críticas sobre el retraso en un cambio que debió acometerse hace muchos años, incluso antes de que fuese la legislación la que obliga a tomar estas decisiones, algo que parece que ni siquiera fue eficaz puesto que las cosas siguieron perpetuadas en el tiempo. La condena unánime a todas las dictaduras debería lograr la unanimidad. España padeció durante cuatro décadas un régimen que suponía una irregularidad en la Europa occidental. Parece obligado, y compartido por la mayoría de los ciudadanos, que toca pasar páginas a todo esto, eso sí, cerrando las heridas y superando anomalías. Pero todo esto requiere, quizá como ocurrió en la Transición, una actuación responsable, evitando manipulaciones con intereses más o menos espúreos, en todos los sentidos. No debe permanecer ni un minuto más una calle en homenaje al franquismo. Aunque hay que pensar que es un periodo histórico imposible de anular, y en el que hubo episodios ajenos a la dictadura a los que la sociedad debe reconocer. Por ello, es legítima la calle al comandante Zorita, el berciano que fue el primero en pasar la velocidad del sonido en un avión. Aunque fuese en plena dictadura.