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Por fin una buena noticia en el siempre tenso panorama sanitario de Castilla y León. El Complejo Asistencial Universitario de León (Caule) ha dado un giro inteligente y valiente en su política de contratación estival que merece ser destacado y, sobre todo, imitado. Por primera vez en mucho tiempo, León deja de ser exportador neto de enfermeras para convertirse en un destino atractivo. Ese solo cambio de signo ya representa un pequeño triunfo. El eje de este plan es tan sencillo como eficaz: contratos de seis meses para 90 plazas de enfermería. Mientras otros territorios ofrecen contratos precarios de uno o dos meses, León ofrece estabilidad temporal. El resultado era previsible y ya se está produciendo: profesionales de Asturias, Extremadura y otras provincias cercanas miran hacia León con interés. Invertir las tornas de esta manera no es casualidad; es el fruto de una planificación seria. La dirección del Caule ha demostrado conocer bien su realidad. Ha utilizado los cuadrantes de vacaciones conocidos con antelación y ha evitado que el personal fijo que permanece en julio y agosto cargue con una presión asfixiante. Ese detalle, aparentemente técnico, es profundamente humano porque reconoce el esfuerzo de quienes se quedan y protege la calidad asistencial que reciben nuestros pacientes.