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La proliferación de bandas cada vez más peligrosas en las calles de León no es un rumor de madrugada: es un hecho que obliga a Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local a coordinar una estrategia conjunta. El objetivo no es solo detener incidentes, sino cortar una violencia que se alimenta de jerarquías internas, de la necesidad de marcar territorio y de exhibir supremacía. Hasta hace poco, el uso de armas blancas se asociaba sobre todo a robos. Ahora la lógica ha cambiado. Machetes y hachas aparecen en intervenciones nocturnas no para obtener botín, sino para imponer dominio. León no puede resignarse a que sus noches se midan por el tamaño de un machete. La ciudadanía tiene que tener la certeza de que ninguna jerarquía de banda está por encima de su seguridad.