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La noche en las ciudades siempre tiene un cierto riesgo de ser conflictiva. El abuso del alcohol genera, de manera frecuente, problemas de mayor o menor relevancia. Pero el tema se agudiza con la entrada de otras sustancias, y especialmente cuando la cosa no va solo de consumidores.

No se puede demonizar el ocio. La normalidad es la pauta dominante en la mayoría de las noches y en la práctica totalidad de las ciudades españoles. Eso no puede servir de cortapisa para dejar de mantener las alertas encendidas. Resulta fundamental que las instituciones y los cuerpos policiales permanezcan atentos a la evolución de las cosas. Intentar negar las realidades nunca es el mejor camino. Cuando suceden los episodios hay que atender a las causas, a los hechos en sí y a las medidas necesarias para ampliar la prevención con el objetivo ineludible de evitar males mayores. Parece claro que existe en León, y de manera especial en las zonas de ocio del Barrio Húmedo y su entorno, una tendencia a los incidentes graves, protagonizados por grupos con numerosas personas. La presencia de machetes o de armas simuladas prueba que hay gente que no va solo a divertirse. Con prudencia, sin alarmismos, urge que los que saben analicen qué ocurre y apliquen soluciones eficaces.