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El mercado del alquiler de viviendas en León se ha reducido a mínimos históricos con apenas 170 pisos disponibles para arrendamiento de larga estancia en una capital de casi 140.000 habitantes, una caída de la oferta que no responde a un fenómeno aislado, sino a la incertidumbre con la que los propietarios se enfrentan al marco normativo y a las nuevas opciones de gestión como los pisos turísticos. No es León una ciudad en la que los fondos de inversión acaparen el mercado. Más bien, las viviendas en alquiler se encuentran en manos de pequeños ahorradores y pensionistas que buscan complementar sus ingresos. La inseguridad jurídica frente a impagos o prórrogas forzosas ha llevado a muchos de estos caseros a retirar sus inmuebles de los anuncios y optar por el arrendamiento de temporada y la compraventa. La situación no beneficia a nadie pero menos a quienes quieren emprender una vida en condiciones dignas y con recursos modestos, como los jóvenes en proceso de emancipación y las familias con rentas medias. La escalada de los precios del alquiler no ayuda y resolver este estancamiento tiene que ser una prioridad de las políticas públicas para restituir la confianza en el mercado de quienes han dedicado la inversión de su vida a pagar un piso para alquilar.