miércoles. 29.06.2022

Algo muy serio

Me pregunto si hay un gen del sentido del humor, algo así como una impronta de la casa. En mi familia paterna, por ejemplo, abunda el don de la guasa. Ignoro de quién o de quiénes recibió Andrés Pajares su genialidad humorística, que no ha legado a su descendencia. Este domingo, la plataforma Atresplayer estrena la docuserie Andrés Pajares y CIA. Dado que los suyos no son como los de Sonrisas y Lágrimas, ojalá no degenere en veladas de boxeo familiar. Me llegué a saber diálogos completos de Yo hice a Roque III, una de mis preferidas de las que hizo con Esteso. Que atice algunas collejas a la «exfamilia», como él la llama, vale. Pero uno tiene ya edad de intuir que un túnel secreto conecta la paz interior con el perdón o, por lo menos, con el olvido. Ojalá sea el homenaje que nuestro gran actor y humorista se merece. Le admiro desde mi niñez, no todos mis clásicos llevan gola o cabalgan por Monument Valley. En 1986 o 1987, le entrevisté para este periódico, le di las gracias por la felicidad que me había proporcionado con su humor. ¿Os acordáis, mis amigos de juventud, cuántos nos reíamos con ellas? También de Todos al suelo me aprendí muchos diálogos. Vale, otros mientras estaban memorizando el temario de sus oposiciones. Pero es que para mí, Pajares y Esteso eran unos Ortega y Gasset de lo suyo. Todo esto es compatible con que también me gustasen Kurosawa, Homero y Pepita la del 7º derecha. La risa es nuestro liberador cambio de registro. Algo muy serio, aunque no siempre posible.

¿Hay familias más proclives al humor? Alguien ha de ser el primero. En un reciente congreso de Griso, el Grupo de Investigación del Siglo de Oro, Montero Reguera nos hablaba de Nuevo viaje al Parnaso, de Luis Esteso «publicado en 1917, en la que este remedó Viaje del Parnaso, de Cervantes. No importa que el resultado chirriase. Las musas —como el Real Madrid— tienen sus días. ¿Cómo no iba a salir Fernando —su sobrino nieto— con chispa compartiendo genes con el autor de Seis mil chistes nuevos? Este lo publicó en 1927, año casi como cualquier otro.

Viva Andrés Pajares, a quien tanto debemos. La cuestión no es cuánto hace que no ríes, sino cuánto hace que no logras que alguien ría contigo… y no de ti.

Algo muy serio
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