Diario de León

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Antes de que se empezase a hablar de memoria histórica fui formando una biblioteca sobre la guerra civil. Hace años que dejé de ampliarla, al concluir que el libro que buscaba quizá no había sido aún escrito. Y sigo sin conocerlo. Una obra maestra escrita en nuestro tiempo y a la altura de tal tragedia, sea desde la historiografía o desde la literatura. Tampoco el cine nos la ha dado. Algo lo impide, ignoro el porqué. Que cumpla con la verdad y a la vez actué como fuerza sanadora, permitiéndonos avanzar. Un libro con rigor, corazón y piedad. Pero no soy un ingenuo sobre la naturaleza humana, he aprendido algunas lecciones. Ahora sé que hay quienes bajo determinadas circunstancias volverían a cometer los pecados que cometieron sus padres o sus abuelos… contra el rojo o por no serlo, contra el creyente o por no serlo, por ser pobre o por ser rico… nuestra sociedad arrastra una herida infectada.

De nuevo, el Papa Francisco nos da un ejemplo de clarividencia. «España debe reconciliarse con su historia», ha declarado a Carlos Herrera, en una entrevista en Cope, en la que ha pedido superar el concepto de «enemigo histórico», es decir, que alguien lo es porque siempre lo ha sido y no hay otra posibilidad. Por ello, dicha herida debe ser sanada desde la justicia, pero también con amor. No basta con leyes. Dijo también el Pontífice que cualquier gobierno, sea del signo que sea, «tiene que hacerse cargo de la reconciliación y ver cómo llevan adelante la historia como hermanos». Me entristece el grito «Ni perdón, ni olvido», pero me repugna el «Perdieron la guerra, no tienen derecho a nada».

Al final de la Ilíada el rey de Troya se arroja a los píes de Aquiles para que le entregue el cadáver de su hijo Héctor y le permita enterrarlo. Aquiles cede, confuso ante un sentimiento al que no le puede poner nombre: compasión. No existía en su vocabulario. ¿Y en el nuestro?

¿Escribirá alguien ese libro que falta en mi biblioteca sobre la guerra civil? Una obra que nos cuente la verdad, pero que al cerrar sus páginas sintamos que, por encima de la indignación y de la pena, tenemos esperanza en que la vieja herida infectada puede ser curada. Dado que creo en el milagro, quizá el Papá Francisco un día…

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