domingo. 07.08.2022

Un mundo serio

En la columna anterior bromeaba sobre la propuesta de Pedro Sánchez acerca de no ponernos la corbata, para ahorrar en aire acondicionado. Aunque entiendo lo que tenía de gesto simbólico me sigue pareciendo una chorrada. Los asesores de un presidente también tienen sus días malos. En su visita a Felipe VI se la puso, pues el Rey la llevaba. Sánchez se la quitó para hablar luego con los periodistas. A mí me gusta, aunque no hasta el punto de ponérmela en el desierto. Bromas aparte, no entiendo ciertas reacciones chulescas contra las medidas de ahorro energético anunciadas por Sánchez. Entiendo la queja de no haberlas consultado, pero hasta ahí. Ucrania está siendo arrasada por orden de Putin y las sanciones al país atacante obligan a asumir consecuencias que rebajan nuestro bienestar energético. Europa no puede ofrecer mutismo por gas ruso. Comprendo el atractivo reclamo de los escaparates iluminados por la noche y de los comercios con las puertas abiertas -si tienen aire acondicionado- en el horario laboral, cómo negarlo, pero aún más importantes es darse cuenta de que estamos ante una alarmante amenaza: económica, militar y energética… sin olvidar la sanitaria. No soy catastrofista, simplemente, veo y leo.

Ojalá hubiéramos alcanzado el grado de civismo que hiciese innecesario legislar, pero aún no es posible atar a los perros con longanizas. Colaboremos. Respaldemos medidas de ahorro energético, que no son pose ecologista sino prioridad urgente. Respaldemos también a nuestra hostelería y comercios. Respaldémonos.

De momento, salvemos el presente. O intentémoslo. Si el verano muerde, el otoño y el invierno vendrán además cargados de miedos, que no deben vencernos. Permanezcamos unidos y solidarios. No seamos derrotados en nuestro corazón colectivo. ¿Por qué a los partidos les resultan tan ajenos a su naturaleza los respaldos al rival? La discrepancia es legítima es democracia, no así la negación de piñón fijo. En tiempos de bonanza, el ciudadano puede sobrellevar tal actitud en sus políticos como mal menor, pero no así en días aciagos donde la política ha de ser parte de la solución y no del problema. En definitiva, ejemplaridad. Pues, efecto, el mundo se puso serio ya hace mucho.

Un mundo serio
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