Diario de León

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Los hijos no están en este mundo para cumplir los sueños de los padres; no piensan igual más allá, del graderío, dos tipos que siempre soñaron en convertir un partido de patio de colegio, instructivo, por tanto, en una final del derbi del Pireo. A los domingos leoneses con niebla le faltan las bengalas para lindar con el campo del Nottingham Forest. A esa altura de mañana, no queda con vida ningún familiar del árbitro; ni el apellido materno de uno de los jugadores que tiene más talento del que puede soportar la mediocridad, también al borde de una cancha. Qué mundo quedará en herencia a la generación que ya puede subir sola al autobús si se convierte en un estercolero de frustraciones el espacio sagrado que moldea su futuro. Un equipo es un elemento esencial para socializar, vacuna de humildad a individuos que no conocen otra relación mundana que la de engordar el ego a base de ganar y ganar y volver a ganar, en la play. Se llama equipo; si no, sería conjunto de elementos tomados de cinco en cinco, siete, once o quince, según el furacu en el que meter la bola. A falta de internados, el último parapeto para conocer el entorno; para entrenar el conocimiento, sobrevivir, saber cuanto antes que no todo llega cuando uno quiere; conocer al que abraza y apuñala, en el mismo gesto; si son amigos o urracas interesadas que escandalizan sobreexcitadas con el propósito de que alguien rompan el cuero del cadáver; si líderes en un rebaño de rumiantes, si halcones con pluma de tórtolas; o que simulan ser buitres leonados y no pueden pasar de simples urracas. Todo eso es el algodón que no engaña, el equipo al que embisten fulanos que berran y anticipan el fin de los tiempos. Qué quedaría de la leyenda de Kobe Bryant, degradado con esa saña en la edad temprana del infantil del Rieti o del cadete del Pistoia. Así recetaron en Palencia a una niña leonesa, que arbitraba un tanteo: Vete a tu tribu, a fregar. En el deporte de escuela, hay que empezar de cero. Dos técnicos de un afamado club leonés de fútbol descartaron hace meses a un jugador porque era hijo de periodistas. La disculpa tiene encaje difícil en el caso de que la mamá resultara ser fontanera o abogada. Nadie les preguntó sobre los sueños del niño; creyeron que se vengaban de los sueños de los padres. Hace falta ser ignorantes; y miserables.

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