viernes 3/12/21

Formar para competir, competir para formar

Ante la pregunta ¿qué es antes la gallina o el huevo? No es que exista una dicotomía en el deporte base entre ambos términos, sino más bien una equivocada acepción del término competir. A veces se piensa que competir significa sólo ganar y bajo esta filosofía algunos clubes o entrenadores basan su trabajo y toma de decisiones.

Entre las definiciones de competir tenemos: lucha entre varios para conseguir un mismo objetivo o estar en condiciones de ser comparado con otros por poseer una cualidad. Esta última me gusta más. Competir empieza por una lucha con uno mismo, ser mejor para poder estar a la altura de los demás, buscar la excelencia. Pero eso no se consigue sin más al nacer. Es necesario orientar el término competir hacia un aprendizaje al que debemos hacer llegar a nuestros pupilos en base a una formación que muchas veces debe ir hipotecada a los resultados del domingo. Eso es lo que denomino formar para competir. Quedar primeros en las ligas domésticas o arrasar en los campos que visitan no es sinónimo de competir. Lo que hacen es ir superando unas situaciones con gran hegemonía y poco aprendizaje. Por el contrario, no ha habido momentos de frustración y nuestros jóvenes de hoy tienen muy poca tolerancia a la frustración (al igual que muchos entrenadores de base). El error forma parte del aprendizaje y gracias a él se produce un análisis de las situaciones para proporcionar soluciones. Se genera el pensar (algo que empieza a escasear), que contribuye a la autorrealización personal y, por ende, a la motivación y autoestima.

A competir hay que enseñarles y se debe hacer en el propio contexto de la competición, porque es ahí donde se producen los estímulos concretos para poder desarrollar un buen aprendizaje, gracias sobre todo al tiempo de participación y a los rivales que tenga enfrente. Por eso hay que ser conscientes de que los principiantes cuanto más jueguen más aprenderán y cuando se demora un fichaje por un grande, uno o dos años más no siempre es una mala decisión siempre que sus formadores y rivales sean buenos. Eso es competir para formar.

Formar para competir, competir para formar
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