sábado 24/7/21

Aquella bandera

CORNADA DE LOBO | Maravilla el poco tiempo que tarda el caído del burro a las puertas de Damasco en pasar de converso a perseguidor de herejes. Hoy vuelven a verse.

Quise que aquel digno trapo hablara a la ciudad con declaración de «paz y guerra» e icé en el balcón principal de casa la bandera de León, la única en todo el barrio (apenas se veían en la capital de los cazurros año y medio después de morir Franco). Sin embargo, en la casa de enfrente vivía alguien con titulillo al que escandalizó tanto aquella tela gritona, que llamó a comisaría denunciando la «intolerable exhibición de una bandera separatista», o sea, que Franco no había muerto del todo (y lo que tarda, «ni se muere padre, ni cenamos»).

Algo banderista, me empeñaba entonces en divulgar el patrimonio leonés, cultural o histórico, las tradiciones del terruño, costumbres o singularidades naturales de aquí que no existen en ningún otro sitio, proponiéndome defenderlo con amor propio, terco estilo, hasta con dientes, y dando además altavoz a los primeros balbuceos y grupos autonomistas que pedían región propia leonesa y arrimé su tímido jaleo a prensas y radios. Incluso en 1979 estuve entre los cuatro fundadores del diario La Tarde Radical del País Leonés y encabecé la lista al Senado del Bloque Radical del País Leonés (lo «del país» era medalla y colmaba), aunque aquella impulsiva acometida se quedara en «salida de alazán burgalés, parada de burro manchego».

Poco tiempo después, y sin abjurar de leonesía alguna, al contrario, acepté ser Portavoz en León de la primera Junta de Castilla y León, juntamiento en el que irremediablemente ya estaba presa de patas esta provincia y el reino que nombra. Y entonces, el cerril nacional que me denunció a la policía años atrás por lucir separatismo balconero, dirigió al periódico una furiosa carta como leonés ofendido por mi traición al venderme al oro de Valladolid (donde un Madrid, Demetrio, era su primer presidente; y oriundo de Zamora, o sea, leonés también). A los seis meses dimití del cargo y ¿dijo algo aquel gicho?...

Maravilla el poco tiempo que tarda el caído del burro a las puertas de Damasco en pasar de converso a perseguidor de herejes. Hoy vuelven a verse.

Aquella bandera
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