lunes. 03.10.2022

La razón ponderada

Qué hacer ahora si una voz serena y la razón ponderada se apagan y además nos enmudecen. A qué candil acudir mañana para que este tiempo de sombras tenga alumbrada alguna senda y no vayamos a tinieblas, derrotas y pesadumbre. Maldito este mes que vino segando vidas queridas y gentes de respeto debido o de corazón por fuera. Y tú, Parca, bruja ciega, vieja loca arbitraria, ¿qué es lo que tanto envidiabas de Emilio Geijo para que nos lo robaras de sopetón?... ¿su libre pensar y su enseñar aún más libre?... ¿sus ganas de más y ganas de todo aunque estuviera jubilado de docencias?... ¿su crítica de la razón impura?, ¿su escribir para hacer pensar?, ¿su pensar subido al teatro, filosofía en las tablas, porque la vida no deja de ser un vaivén de comedia a tragedia?... puta Muerte, ¿no pudiste entretenerte antes un tiempo largo ante el cerro de tontos, malos o atrevidos que acá y acullá le hacen frontera a todo horizonte clavándose como estaquillas en lo que llaman su solar patrio?... ¿por qué a Emilio?...

Apasionado de su asignatura, vi a este profesor de Filosofía en sus bachilleratos del Padre Isla dolerse de vergüenza educativa en un país que se carga poco a poco esta materia y de ver que el pensar es desahuciado de planes educativos. Por eso quiso que donde el aula se esfumara se alzara el telón del teatro. Cofundó para ello un grupo y no se detuvo en los clásicos; él mismo, de su pluma, hizo subir ahí a Rousseau para que dijera lo suyo; porque a Emilio los míticos de la filosofía francesa le traían a bien traer. Reverenciaba sus razones de peso y atrevidas. ¿Quién dijo miedo?... Por eso admiró muy especialmente a su amigo, paisano y colega Tomás Pollán, de Valdespino, el filósofo más agudo y respetado hoy en España aunque siga negándose a publicar, así que sólo por boca de Emilio y por algunas separatas que me pasó supe de su existencia y su pensar. Y si ahora Emilio no está, ¿a quién le pedimos criterio o senda, serenidad y compromiso?... ¿y cómo medir el vacío que se les instalará a Blanca, Nadia y Cecilia, su familia, su cabaña?... adiós, gran amigo.

La razón ponderada
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