Diario de León

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Hacia Belén va una burra cargada de chocolate (¿el niño fuma?) y otra cargada de mascarillas (¿de tapar ojos o bocas?) y otra atiborrada de megavatios para darle calambrazos a san José si quiere lucecitas en el portal o el pino... y además, otra burra que va y viene repartiendo ecos y repiques de almirez con unas letras que nunca se las lleva del todo el olvido, el viento o los nuevos ruidos, velas ahí, rapaz: la de la vieja que viene con el aguinaldo... o aquel chiquirritín nacido entre pajas... o el zagal arreando el vamos, pastores, vamos... o el ciego que le daba una naranja al Niño y recobraba la vista... o los peces que no dejan de beber y beber en un río de anís para poder rascar después sus botellas en la murga... o los campanilleros en la madrugá yendo a adorar... o la Marimorena a la que no paran de echar a andar, ande, ándele... o aquel que empieza en dudas preguntando al Niño «de quién eres, dime»... o campanas que montan sobre campanas, aydiós... o el borriquito del arre, burro, arre... o el aguinaldo del tendero de la esquina, siempre tan agresivo... o el canta, ríe y baila, que hoy es Nochebuena y no hay que tener pena... o el fum, fum, fum, al veintisinc da dasembra... o los pastorcillos que le traen al Niño un ale pun... o el de una pandereta suena... o la Virgen está lavando... o Reyes Magos que ya vienen y Holanda que ya se ve, ya se ve... ¡¿Holanda-Belén, flipaos?!... o la campanita del lugar... o el tierno ¡a Belén,  castores !... o el Niño diciéndole a san José que no le bese, que le pincha con las barbas...

Pero la burra trae también dos letras enigmáticas: la del « Gatatumba, tumba, tumba, con panderos y sonajas... gatatumba, tumba, tumba, no te metas en las pajas »... ¿pero qué pajas?, ¿qué mensaje va ahí?... y la del villancico más trágico y existencial de toda la literatura popular española sin que parezca el más indicado para la alegría descorchada de hoy:  La Nochebuena se viene, dundundún, la Nochebuena se va... y nosotros nos iremos, dundundún, y no volveremos más . ¿Era tan necesario recordarlo?, ¿no se encargan ya de eso las sillas vacías y el corazón con huecos?...

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