Demasiado photoshop para el cuerpo
Crónicas bercianas | r. arias
P hotoshop cumple veinte años. Sí, ese programa «mágico» que lo mismo te contrae el bandullo cervecero convirtiéndolo en tableta de abdominales ronaldiana o te sublima unas peras que ni las conferencia de Carracedo. Al final, sin embargo, está la cruda realidad frente al espejo si no es cóncavo. Así es como contemplamos ahora, bajo las Luces de Bohemia, lo que acontece en esta comarca. Ha tenido que llegar una crisis demoledora para que por ejemplo el CEL confiese que el Bierzo está malvendido turísticamente por mucho que nuestro bercianista photoshop mental nos llenase la boca, pregonando la belleza de Los Ancares y de Peñalba o cantando la ambrosía de la mencía y del botillo.
¡Vamos de culo señores! Y siento mucho no poder expresarlo con las notas poéticas de Mestre para excusar su presencia en la Casa de León en Madrid al lado del «depredador» Victorino Alonso. Y es que la poesía reconforta el alma, pero no parecen los mejores días para regodearnos en odas o en los versos de lo políticamente correcto. Porque hay muchos millones de personas en este país, incluidos más de 12.000 parados en el Bierzo, que tienen que comer a diario como los desarrapados de Coiper o a los cientos de autónomos que han echado ya el pestillo en Ponferrada.
Y sobran Nerones rasgando la lira mientras el pueblo atufa a pelo de gocho chamuscado. El urogallo tiene derecho a una larga vida y Victorino debe cumplir con la legalidad en su lavadero de Fabero sin otras medallas que las de su cuenta corriente. Pero los adalides de la sostenibilidad deberían tener en cuenta más que nunca el equilibrio de la especie familiar frente al agua de la pecera bendecida como sopa de marisco.
Sobra hipocresía en la sociedad y en los políticos. Hay signos como el del CEL que invitan a la esperanza por cuanto descubren que sobra photoshop y bercianismo lírico; incluso como el de Pepiño Blanco que se muda en neoliberal furibundo para señalar que la autovía Ponferrada-Orense (A-76) tendrá que financiarse desde un consorcio «público-privado». Lástima que acumulemos tanto retraso en estas revelaciones, concatenadas acaso con la esclerosis de quienes han tardado años en descubrir que ante una recesión tan cruel resulta obscena la inflación reguladora de tantas memeces. Sé de una peña en Ferradillo desde la que unas veces se puede contemplar el beso furtivo del cielo y de la tierra entre una lengua de húmeda niebla. Y otras, el río ocre del otoño saltando entre chopos, robles y castaños. Pero resulta una lástima cuando la sinfonía de la banda sonora del silencio se fractura entre el rugir de las tripas famélicas.