Fardela, jaula, silicosis, costero, carbón...
Tribuna | CARMEN BUSMAYOR
escritora
Mientras jóvenes uruguayos regalan una imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de su tierra, a los 33 mineros chilenos atrapados en el pozo San José del desierto de Atacama desde hace días que suman una eternidad y el propio pueblo chileno procesiona con fervor a la Virgen del Carmen Misionera, patrona de tal país andino, en busca de amparo para ellos, nuestros mineros, sus familias y próximos en la fraternidad, amistad o vecindad andan con Santa Bárbara, patrona de los mineros españoles, en los labios. Todo porque fallan los pilares carboníferos sustentadores de vidas y sueños durante muchos años. De ahí que haya sobrevenido esta segunda «marcha negra», encerramientos en los pozos tremendos de una húmeda oscuridad, aquellos en los que una liberadora jaula sacaba a tan esforzados trabajadores a la luz previo a emprender el camino a pie o en coche a sus domicilios, ahora bien duchados, peinados y con ropa festiva o casi.
Que ¡cuánto han cambiado los tiempos! Pues a la mente me viene aquella infancia mía en la que llegaban a casa sin ducharse porque en las empresas no había eso que ahora conocemos como indispensables duchas, con ropa de faena a ellos debida, remendada por pacientes esposas, madres o laboriosas patronas, la fardela y la fiambrera vacías tras conseguir un merecido descanso por entregarse con tanta firmeza como dureza a las entrañas de la tierra en uno de los tres relevos existentes. Eso y una ambulancia que al tiempo que sembraba la alarma congregaba angustiosa a la gente en las inmediaciones del Pozo Julia o Vertical. Eso y una tolva que inundaba a Fabero del Bierzo de una negra pero bendita suciedad.
No obstante entonces y ahora existen palabras más o menos o nada amables como fardela, tajo, puntala, costero, mensáfono, pánzer, barreno, silicosis, picador, costero circulando por mi sangre. Y yo las escucho, las acaricio, las freno, las apaciguo, las rechazo, como quien se palpa desbordado el corazón en la noche. Mas volviendo sobre este hoy de ancha sombra. A ningún pensante se le escapa que la hoy escasa minería del carbón vive un momento crítico, por no decir critiquísimo, cuyos antecedentes se remontan a los años ochenta y posteriores, época en que comenzó a languidecer a pasos agigantados por una serie de reconversiones que desembocaron en algunos significativos cierres de la minería subterránea, paralelos a un desarrollo tan rápido como destructor, depredador, de las minas a cielo abierto y un frecuente adeudo de nóminas, lo que llevó al surgimiento destacado de unas tan sólo aparenciales mesas para la reindustrialización de las cuencas, la primera « marcha negra» en 1992, primera no sólo en León sino también en España, y a la creación de reivindicativas plataformas ciudadanas tales como la Coordinadora Faberense en Defensa de la Cuenca (ahí están las hemerotecas) con amplio apoyo popular y ninguno de sindicatos y ayuntamientos. En fin, pese a todo muchos eran entonces los incrédulos a los que todavía les parecía que la cosa no era para tanto. Sin embargo el paso del tiempo inexorablemente vino a confirmar la tamaña gravedad del asunto: la minería del carbón se halla en estado agónico. Así que bienvenida esta segunda «marcha negra», bienaventurados los voceros del pueblo minero, bienvenidos los encerrados... Está bien. Está bien. En el peor de los casos no se debe morir como las ovejas sacrificadas. Es decir, sin rechistar.
Aunque, quién sabe, tal vez mañana en la amanecida desde el balcón de mi casa pueda ver como el Pozo Vertical ya no es un mutismo oxidado. Tal vez que estas gentes valientes y de bien, los mineros, mis mineros, entran en el canto con recuperada alegría. ¡Ojalá!¡Suerte en abundancia!