LA GAVETA
Muerte austral
D avid Iebra, descendiente de bercianos de Los Barrios de Salas, nació en A rgentina en al año 1942. El apellido es muy raro y viene de un error del que fueron víctimas sus antepasados, que vieron como la y griega originaria se convertía en i latina en los documentos oficiales. En el verano del 2009 me envió un mensaje. Supe así de la existencia de este médico oriundo de la tierra leonesa que vivía en una provincia remota de la Argentina, el Chubut. Concretamente, en Trelew, la capital de aquella demarcación sureña.
David Iebra me habló de otras personas nacidas u originarias de Los Barrios de Salas que vivían en diversas partes del mundo. Y que estaban unidas en un mismo propósito: la defensa de la memoria y del patrimonio de los tres pueblos que antaño fueron un municipio: Lombillo, Salas y Villar de los Barrios.
David y sus compañeros tenían y tienen un objetivo noble: lograr que la Junta de Castilla y León reconozca como Bien de Interés Cultural al conjunto arquitectónico de los tres pueblos. Para ello se movilizaban con gran entusiasmo y contaban con el apoyo del más ilustre -”entonces-”paisano vivo. Que era, naturalmente, don Valentín García Yebra. Escribí un artículo sobre ese asunto en el Diario de León. Pero David Iebra me pidió este verano que volviera a tratar el tema. Meses después, ya en diciembre último, me mandó otro mensaje poniéndome al corriente de la enfermedad de don Valentín. Lo noté muy apenado por ello.
Pocos días después, el 13 de diciembre, falleció Valentín García Yebra. Pensé en enviarle unas palabras a David pero no lo hice. En todo caso, la muerte del gran filólogo fue acicate para cumplir mi promesa con el médico de Chubut, especialista en gastroenterología. Y pensaba en uno de estos domingos hablar de ese afán tan noble en defensa de Los Barrios de Salas. Un territorio bello, armonioso y verde. De viñas y blasones.
Así estaban las cosas cuando me he enterado de la muerte de David Iebra. En la mesa de operaciones de un hospital de Buenos Aires. Fue el 20 de diciembre, una semana justa después del fallecimiento de Valentín García Yebra: el 20 de diciembre. David tenía 68 años; su silencio me resulta misterioso. Envuelto en ese frío raro que provoca saber la muerte de personas con las que hemos cruzado mensajes recientemente. Y que un día dejan de ser una entrada en la cuenta electrónica. Quede testimonio, pues, del amor del médico David Iebra por Los Barrios de Salas, de su admirable implicación y su desvelo por el solar de sus mayores, que nacieron a más de veinte mil kilómetros de Argentina. Quede su recuerdo y el deseo de que se cumpla su legítima ilusión.