León

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A plaudo la campaña que Teresa Gutiérrez ha puesto en marcha contra la prostitución, sobre todo porque pone el foco so b re los responsables reales, los consumidores de esclavitud humana, los hombres. Son quienes pagan por sexo -”amén del proxeneta-” los que deberían ser castigados por la trata de blancas. Lo demás es hipocresía legal, un reflejo del fariseísmo normativo cuyos responsables, no lo olvidemos, siguen siendo los demandantes de carne humana: los tíos, los puteros, los macarras, los despojos picha floja que sólo son capaces de correrse explotando a una mujer. Porque hay que ser mierda para pagar por eyacular, en cinco segundos supongo. Lo malo es que por breve que sea la chinga será una eternidad para quien tenga que sufrir a estos Benjy Compson hediondos. En Francia -”como una guillotina del falo-” ya se ha aprobado una ley en virtud de la cual quien la mete, la paga.

Al ver tantos hombres en esas concentraciones de repulsa contra la violencia machista, me pregunto cuántos de ellos acabarán de vejar(se) -”en este caso el verbo siempre adquiere la propiedad reflexiva-” a una mujer sin importarles las condiciones en las que ésta trabaja. Trabajo... este sí que es un uso sexista del lenguaje, porque creo que ninguna de las víctimas de este negocio consideren que su fatiga diaria sirva para algo más que para acercarlas un poco más a la náusea de la vida y al vacío de la muerte.

Pero, sí, me gusta la campaña de la concejalía de la mujer porque recuerda que el abolicionismo seguirá siendo una utopía siempre, pero pone el énfasis en que la solución para la libertad de millones de mujeres depende de la toma de conciencia de la mitad de la humanidad. Ahora bien, esta iniciativa no deja de ser un poco ingenua. Me pregunto si estos carteles compartirán espacio con las vallas publicitarias que anuncian, con la imagen de una mujer medio desnuda, uno de esos santuarios de servidumbre. Antes de poner etiquetas y códigos de barras sobre los brazos de un ser humano, deberíamos ser conscientes de la responsabilidad del Ayuntamiento permitiendo que la publicidad de esa mercancía engorde las arcas municipales.

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