Publicado por
javier tomé
León

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E l fútbol, ese exuberante reflejo de la condición humana, es la máquina de sueños más importante que existe hoy en día. Pero de vez en cuando conviene volver la vista atrás para festejar, como es el caso, el nacimiento oficial del fútbol en León, acontecimiento del que se acaba de cumplir el centenario. Porque la tarde de San Juan correspondiente a 1911 se disputó el primer encuentro reglamentado de, según se decía entonces, ese deporte inglés que se juega corriendo. Hacía tiempo que se veía en el atrio de San Isidoro a grupos de muchachos, calzados con alpargatas, zascandileando con una pelota hecha de trapo y atada con cuerdas. Para la puesta de largo del balompié se eligió el campo del Parque, actual Paseo de Papalaguinda, punto de cita de los elegantes en los atardeceres estivales.

El match enfrentó al Foot Ball Club León con el Gijón Sport Club, imponiéndose el conjunto asturiano por cinco tantos a cero. Buena prueba del desconocimiento que tenían nuestros abuelos acerca del espectáculo calificado por algún filósofo como un poema atlético construido sobre la pasión, es que muchos espectadores se llevaron al campo los pañuelos por si había que pedir la oreja a la presidencia. La liturgia mayor de los domingos por la tarde no tardó en cuajar, hasta el punto de provocar el delirio cuando la Cultu batió al Real Avilés para lograr el ascenso a Primera División. El fútbol es una cuestión de recuerdos compartidos, así que no podemos olvidar algunos nombres distinguidos en la mitología culturalista. Por ejemplo, el gran Serrano, un portero siempre dispuesto a morir con las botas puestas. O el mítico César, aquel delantero con licencia para marcar que se convirtió en ídolo del barcelonismo. Y qué decir del puñado de talentos -”Villafañe, Marianín, Piñán, Larrauri-¦-” que iluminaron el juego culturalista. Lo cierto es que nuestra historia, individual y colectiva, no puede explicarse sin el llamado deporte rey.

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