EDITORIAL
Emilio Sierra, discreta sombra de Zapatero
Los amantes de la montaña conocen bien su doble cara: la diferencia, la delgada línea, que separa el paisaje del abismo. Las sorpresas que guarda su imponente presencia, sólo un paso dista del disfrute, la angustia o la tragedia. El clima y la orografía que acompañan al montañero o al senderista juegan con frecuencia malas pasadas. Y en una provincia como León, con varios flancos de su geografía coronados por impresionantes picos, esta historia se repite con demasiada frecuencia.
El abismo, eso fue lo que sorprendió sin previo aviso a Emilio Sierra el viernes. Alrededor de 150 metros de vacío por los que se despeñó y perdió la vida. Había salido con intención de coronar el Pico Correcillas y no volvió a casa. Estaba entusiasmado con este paraje, lo había descubierto en una marcha que realizó hace ahora un mes. El viernes decidió volver, esta vez solo. No hay lugar como la montaña para disfrutar de la soledad y los pensamientos, para reflexionar, desconectar de la rutina y vivir la naturaleza. Y allí murió.
Emilio Sierra contaba con una larga trayectoria política ligada al PSOE. Alcalde de La Robla durante catorce años, también fue vicepresidente de la Diputación y número dos de José Luis Rodríguez Zapatero en alguna de las etapas en que el ahora presidente del Gobierno llevaba las riendas de la dirección de los socialistas leoneses. Para él realizó importantes labores orgánicas y de pacificación en momentos de conflicto en agrupaciones y comarcas.
Reservado, discreto. Constituyó una pieza clave en la consolidación de Zapatero como líder del PSOE de León. Una misión que el jefe del Ejecutivo Central nunca olvidó. Precisamente de su mano llegó a uno de los puestos de elección política del Consejo de Cuentas de Castilla y León, lugar donde en la actualidad desempeñaba su trabajo.
Formó parte de ese grupo que respaldó y auspició el crecimiento y la consolidación del presidente del Gobierno, también amante de la montaña. Afición que estrechó aún más su amistad y alentó confidencias a más de mil metros.